
JORGE L. CASTAÑEDA
Recientemente he tenido la oportunidad de escuchar el uso del término “Aprendizaje Significativo” utilizado como un recurso para intentar explicar un determinado fin en un proceso educativo, didáctico, pedagógico… lo cierto es que ha llamado mi atención principalmente por dos motivos-reflexiones que en breve expondré; y por otro lado, bueno, he decido retomar el tema para compartir un pensamiento a manera de ejercicio y pensando en lo posterior, compartirla además de con mis lectores en general, con mis estudiantes de licenciatura, quienes se encuentran en un proceso formativo intermedio y que estoy seguro, les será de utilidad, deseando que lo puedan ver como una extensión de los temas relacionados con intervenciones didácticas situadas e inclusivas que nos encontramos desmenuzando.
El principal motivo que ha llamado mi atención es que entre las expresiones o en su caso explicaciones que he escuchado, al usar el término, fue común que el uso del concepto lo limitaran en aseveraciones en las que se pretende la consolidación de un aprendizaje que “les signifique algo”, y aunque en el estricto sentido de la palabra no están equivocados, en definitiva, considero que no le hacen justicia de significado, es decir, se quedan cortos. En otro de los usos, hicieron mención en que “un aprendizaje significativo” es aquel en el que “el estudiante relaciona un nuevo saber con su contexto”, idea que, de igual manera, en definitiva se relaciona; sin embargo, considero que de igual manera es limitativo respecto a lo que se pretende con la idea de impulsar el desarrollo de este tipo de aprendizaje, por otro lado, en la expresión se hace uso del artículo indeterminado “un” que puede hacer alusión a número cardinal, a un pronombre indefinido entre otras, que desde mi perspectiva, no debiera ser, dado que la expresión conceptual en su generalidad es.
El aprendizaje significativo es un concepto propuesto a través de una teoría de David Paul Ausubel, quien fuera psicólogo y pedagogo considerado como un referente muy importante del paradigma constructivista. Aunque no es posible desarrollar todo un análisis de la significación en este espacio, realizaré un esfuerzo por exponer una idea breve que contribuya con este esfuerzo de ampliar el saber de este aprendizaje orientado en la formación docente. Es decir, lograrlo con los docentes en formación para que, en su caso, ellas y ellos puedan implementarlo con sus estudiantes niñas, niños, adolescentes y jóvenes en la Educación Obligatoria.
Este tipo de aprendizaje, representa la relación que realiza el estudiante de nuevos conocimientos con los conceptos selectos que ya conoce; es decir, implica que la alumna o el alumno reconozca en sí misma o mismo, los saberes conceptuales que tiene y los relacione con los nuevos que está en proceso de conocer, ya sea a través de un docente o en su caso en un ejercicio incluso autodidáctica; respondiendo a las preguntas: ¿qué sé?, ¿qué no sé?, ¿qué estoy aprendiendo? y ¿cómo se relaciona lo que sé con lo estoy aprendiendo? Un ejercicio que implica el uso de operaciones intelectuales como recoger información, deducir, e incluso abstraer, entre otras, orientadas en la gestión de un proceso de aprendizaje.
Con la idea de ampliar la idea del concepto, es importante subrayar que en este tipo de aprendizaje el conocimiento se concibe como una experiencia dinámica, cíclica y evolutiva que nada tiene que ver con el hecho de “transmitir información”. Cierro con el uso de un ejemplo testimonial recuperado del libro: La enseñanza del lenguaje escrito. Un proceso de construcción de Laura Galaburri en el que un estudiante, a través de un planteamiento de su docente, recupera un conocimiento adquirido fuera de la escuela y lo pone al servicio de un proyecto escolar.
“Mirá con este chico de López (con su padre y hermanos trabajaba de cartonero) fue increíble. Habían llevado un montón de revistas, de cuadernillos sobre animales que habían donado. Ni yo sabía cómo organizarme con todo ese material: eran pilas y pilas. Bueno, yo pensaba cómo… Puf, Juan- le dije, tenemos que ordenarlo. ¿Cómo lo podemos hacer?
Mirá, en menos que canta un gallo, se puso en el suelo, ocupó todo el suelo del salón. Él se ubicó en el medio y empezó a seleccionar: los que son pájaros, los que no son pájaros, los de la selva, los del mar… ¡Y empezó a buscar los números!: el N°1 con el N°2, el N°3, el N°4, éste va arriba, éste va abajo… Los colocaba arriba o abajo, en orden, según el número. ¡No sabes a qué velocidad!
Fue increíble cómo seleccionó el material por los números y ´leyendo´ qué nombre de animal decía el título; fue maravilloso cómo organizó el trabajo, cómo hizo para poner todos los fascículos en orden, hasta buscó los índices…
¡Qué habilidad tuvo para reconocer…! y agrupaba y hacía marcas…”
Beatriz, maestra de 1er grado
¡Hasta la próxima!