
GIBRÁN ALVARADO
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Una película que sigue vigente, una película que muestra las dificultades para salir adelante, una película que es todo desesperanza, así me pareció Cadena perpetua (1978), filme basado en la novela Lo de antes (1968), de Luis Spota. ¿Por qué esa sensación? Porque, a la distancia, parece que muy poco ha cambiado, porque ese contexto de la época, véanse en la red algunas de las características de la llamada “guerra sucia” en México durante la década de los 70, para comprender algunos de los detalles que se retratan en el largometraje. Tarzán, interpretado por Pedro Armendáriz Jr., es un personaje al que se le dice “ya te fregaste para siempre” y el espectador presenciará ese devenir, esa pugna interior por querer salir de un sitio del que pareciera imposible huir.
De ahí que se viva en una cadena perpetua, que se tenga que cargar para siempre con el pasado. Esta trama me hizo recordar, guardando las distancias, la historia de un conocido que, al salir del reclusorio, inició a pedir empleo en variedad de lugares (gasolineras, tiendas de conveniencia, supermercados, autolavados, etcétera) y en ningún sitio le dieron la oportunidad, tenía antecedentes penales y eso lo marginó, contrario a lo que se comenta o comentaba respecto a los centros de “readaptación social”, ¿en realidad en esos espacios se proporcionan las herramientas para que, al salir, las personas puedan rehacer su vida? Pasado el tiempo, ese conocido regresó a su vida pasada, en la delincuencia, aún recuerdo que me dijo: “prefiero morirme a regresar a la cárcel, ahí está bien pesada la cosa”…
Entonces, la reinserción social es una problemática que no se atiende y, si observamos el entorno, hay también una gigantesca impunidad, de ahí que los “guardianes del orden” sólo sigan “órdenes de arriba”, estén domesticados para obedecer, los supuestos mandos son mandaderos de alguien más, se dejan llevar por el instinto, por el ansia de poder y consignan a diestra y siniestra por un simple “pajarito que habló”, siempre llevan su tajada y esto propicia que haya amistades entre “buenos” y “malos”, se desdibujan las fronteras, no hay matices, el hampa es un mundillo donde convergen las fuerzas del “bien” y del “mal”, policías y ladrones son la misma cosa.
Todo esto se puede apreciar en la película, Tarzán, es un ratero al que se le dice que siempre será un ratero, que no podrá volver a la vida recta, no habrá rehabilitación cuando salga de la cárcel, pese a ser un hombre “reata ,derecho y macizo”, pese a que su sueldo le da para medio vivir, las “mordidas” a las autoridades serán un problema porque será necesario pagar por seguridad, el miedo hacia las autoridades estará siempre presente porque es un entorno en el que hay amistad pero también traición. Por medio de diversos flashbacks, Ripstein pone el dedo sobre una llaga que aún, en 2024, no cierra, de ahí que el cierre sea magistral, un primer plano y de fondo el grito de México, México, México.