
ENRIQUE GARRIDO
Existen varios problemas que nos quitan el sueño: ¿Cómo llegaremos al final de la quincena? ¿Cuándo es el corte de la tarjeta? ¿Cuál es mi nivel de colesterol? Agrego otro: Si un barco transporta 26 ovejas y 10 cabras, ¿cuántos años tiene el capitán? Esta es una pregunta que realizaron como parte de un examen a los alumnos de quinto de primaria en China, los cuales rondan los 11 años. Ahora, piénsenlo bien, dado que es una pregunta para niños, no debería representarnos una dificultad, ¿cierto? Podemos acomodar los datos en “planteamiento”, “desarrollo” y “resultado”, tal vez sumar o restar.
Bien, este problema en realidad refleja uno mucho más grande: la falta de pensamiento crítico. Resulta que se incorporó al examen con la intención de motivar la creatividad en las respuestas, aunque, ¿alguno de ustedes cuestionó la pregunta? El conocimiento no implica una mecanización de los procedimientos, sino también un cuestionamiento del conocimiento en sí, pues, al no enseñárnoslo somos fácilmente manipulables.
El pensamiento crítico es un proceso de análisis y evaluación de la información, los conceptos y las inferencias que se usan para tomar decisiones; se basa en el propósito, el problema, los supuestos, el punto de vista, la información misma y las interpretaciones, así como la duda, la valoración de todas las opciones y la elección de la más conveniente según el criterio propio.
No ejercer una crítica nos vuelve susceptibles de caer en el juego de la propaganda. Al navegar en redes sociales resulta importante saber para dónde va el barco en el que nos movemos. Frente a la información en redes, ¿cuestionamos las fuentes, a los medios, sabemos quiénes son los dueños de los sitios en los que nos informamos, sus intereses? El magnate de los medios canadiense Roy Thomson dijo que tener tu propio medio era como una licencia para imprimir tu propio dinero. Así, prácticamente todos los multimillonarios tienen sus medios o redes sociales.
En el imperio de la inmediatez y la ligereza, denominado por Lipovetsky, ¿cuánta información compartimos sin cuestionarla, sin filtrarla, sin leerla? Esto añadido a la cantidad de reels, tick tocks y publicaciones que se comparten por “expertos” con consejos de alimentación, venta de productos milagros o acaso ya olvidamos a la gente que bebía cloro en tiempos de la pandemia.
Volviendo al problema del capitán, éste se volvió viral por lo que las autoridades educativas de ese país tuvieron que dar una explicación. En efecto, no era un error, sino un reto. Su función principal era cuestionar el método tradicional chino de educación donde se pone énfasis en que los alumnos tomen nota y repitan, conocido como “aprendizaje de memoria”, un método criticado por entorpecer el pensamiento creativo. No podemos negar que de este lado del charco tuvimos prácticas pedagógicas similares, las cuales repercuten en la manera en que interactuamos con la sobreabundancia de información.
Los contextos con falta de análisis crítico y de una urgencia por opinar y compartir para no quedar al margen del debate público son semilleros de polarización, desinformación, racismo, radicalismo y todas las variantes de odio que se conozcan. Como dice uno de mis memes favoritos: “no es de a huevo opinar”. Por ello planteo una nueva perspectiva al problema. Lo más importante es no saber la edad del capitán, sino su nombre, porque al saber quién dirige el barco sabremos a qué puerto nos va a llevar.