
El arte no pide permiso. Surge en la piel de los muros, en la tinta que mancha las manos, en la música que tiembla en el aire antes de hacerse eco. No hay fronteras cuando la creación es urgente, cuando la juventud lleva en la sangre el fuego de lo que aún no ha sido dicho.
Pero el camino es árido. Se les exige experiencia antes de darles la oportunidad de crear. Se les dice que esperemos, que lo joven es efímero, que los espacios no son de ellos, que la pasión no paga el alquiler. Les ponen etiquetas antes de conocernos, les preguntan qué ofrecen antes de dejarlos ser.
Los muros no encierran, contienen. Los espacios no limitan, provocan. Cada trazo, cada verso, cada acorde es una grieta en la estructura de lo establecido. Un recordatorio de que el arte es un acto de resistencia, de que cada pincelada es una negación del silencio.
Colectivo Cactácea no es sólo un nombre: es la certeza de que el arte no necesita legitimación, que la juventud no es una etapa de prueba, que la creatividad no se mide en años ni en diplomas. Es el sitio donde las disciplinas se encuentran sin miedo, donde lo visual dialoga con el sonido, donde las palabras abrazan las imágenes.
Es un refugio y una trinchera. Un espacio abierto donde el arte crece sin pedir disculpas. Ahí, no hay puertas cerradas. No hay una sola forma de nombrarles. No hay etiquetas que les contengan. Sólo la certeza de que el arte sigue, se transforma, resiste.
Queridas lectoras y estimados lectores, recuerden que en El Mechero siempre habrá lugar para quien quiera crear y que juntos ¡incendiamos la cultura!
Karen Salazar Mar
Directora de El Mechero