
Daniela Albarrán
Tengo la certeza de que los libros llegan a nosotros cuando los tenemos que leer, o cuando los necesitamos. Y justo eso me pasó con El mar está lleno de medusas, de la escritora y editora Paola Carola. Que es un ensayo, quizá a modo de diario, un diario de la pérdida, de la ruptura, a simple vista. Pero que, en realidad, toca temas que me son súper cercanos y no precisamente por la ruptura amorosa, que en realidad yo no me encuentro en ese lugar en este momento.
Sino que Paola, con toda la cercanía y el amor del mundo, nos cuenta cómo es transitar la vida a los 29. Cómo es que una mujer, que ya lleva algunos años graduada en literatura, apenas está encontrando un lugar en el mundo, tanto laboral, como en el simple hecho de ser una persona que está encontrando un camino, o dejando otros para construir uno nuevo.
Y es que pienso que los 29 son un año de cambios; en algún lugar leí que lo que hayamos construido en nuestros 20 el resto de nuestra vida será muy parecido a eso que hicimos en esta década de caos y que pareciera tan definitoria, también. Este libro me pareció un respiro a la cotidianidad tan avasallante que de pronto vivo. Es como si, de alguna forma, la autora me recordara que necesito detenerme a respirar, y a contemplar todo aquello que me rodea, que está ahí, latente, y que a veces, por la rapidez, no puedo ver: “¿Cuándo comenzó la prisa por querer lograrlo todo? Parar debería ser obligatorio para volver a mirarnos y descubrir que quizá ya somos alguien más que no tiene nada que ver con su papel anterior: entonces hay que buscar uno nuevo en el que podamos fluir”.
Cuando Paola escribió este libro tenía 29 años, la misma edad que yo; y yo, justo estos últimos meses, en todas las cuestiones que me pregunto a mí misma, está esa, en qué momento me dije a mí misma que yo tenía que lograrlo todo, y no me refiero a algo pesimista, sino que a veces también yo siento que me exijo demasiado, y que no volteo a ver la estructura que es quizá lo que no me permite lograr eso que yo en algún momento me exigí, y que perdonarme por eso no sólo está bien, sino que es necesario. Vaya, no tengo que lograr nada si no quiero, y yo y todo mundo debemos aprender a vivir con eso, con la sensación constante de fracaso.
O esto, por ejemplo: “Cuando me veo en el espejo, encuentro algo distinto: la arruga que habita en mi frente, y que cada día se pronuncia más, la cana que un día apareció y que ahora ya no encuentro. Me estoy haciendo mayor”, porque yo también lo he visto, y lo he pensado, veo a mi cuerpo cambiar todo el tiempo, y es peor que en la adolescencia, porque ahora veo cada vez más canas, o más arrugas o más peso, y me ha costado mucho trabajo entender que es parte de la vida, y que así soy porque me estoy haciendo mayor, y que está bien y que es necesario aceptar eso. Y es que pienso que en los 29 los signos de la edad comienzan a precipitarse en nuestro cuerpo.
Creo que El mar está lleno de medusas es uno de esos libros que te apapachan, o que puedes recurrir a ellos cuando todo está mal, y no es que te prometa que todo volverá a ser como antes, o que estará bien, sino que te muestra que así es la vida, y que uno tiene que seguir a pesar del dolor o la tristeza.