
SARA ANDRADE
Hay muchas cosas que cortan. Éste es un axioma que aprendemos tan pronto como nacemos. Es una de las primeras cosas que nos pasa cuando salimos de nuestra madre. Nos cortan del cordón umbilical, nos escinden de la única unidad que hemos conocido. Nos corta el mundo de allá afuera. Nos cortamos con nuestras propias uñas, de tan delgadas que son. Nos corta el plástico del pañal, la humedad de la leche, las agujas que nos protegen de las enfermedades que no existen a menos que les demos nuestro dolor a cambio. Es como si no pudiéramos mantenernos dentro de nuestros límites, como si todo conspirara contra la integridad de nuestra piel.
Hay de cortes a cortes. Las rodillas llenas de costras son un símbolo de orgullo. Mira, estas cicatrices son de cuando me creía pájaro, de cuando yo era papá y mamá e hija y árbol. Mira, no le tengo miedo a la sangre, aunque a veces lloro porque las cortadas arden y porque entonces alguien me va a poner un curita y me va a dar un beso en la frente. Ése es el compromiso al que llegas con la vida: que aceptas el daño porque hay reparación inmediata.
Hay muchas cosas que cortan. Las tijeras cuando las aprendes a usar, el filo invisible de las hojas bond, los cuchillos que rebanan el queso, los cortaúñas, las guillotinas, los exactos, los sacapuntas, la punta metálica del compás, la grapadora, la perforadora. Pero luego te das cuenta de que hay otras cosas que cortan y que se sienten dentro de la piel y de los huesos. Los regaños de tus maestros, las burlas de tus amigos, las mentiras de tus papás. Corta también el sentirte confundido y solo. Corta el no saber cómo describir lo que sientes. Corta el silencio y corta la noche sin lámparas. Te corta algo a lo que no le puedes poner una bandita, ni Vitacilina, ni lavar con agua y con jabón. Te quedas con ese tajo y no sabes por qué algo que no tiene venas, puede sangrar tanto.
Pero hay de cortes a cortes. Tu primera decepción amorosa es un símbolo de experiencia. A ti ya no te lo cuentan. ¿Ves? Soy más fuerte que una sonrisa y unos ojos de pestañas largas. Pero ¿qué pasa cuando la lesión no cicatriza? ¿Qué pasa cuando el dolor se come las puntadas y las remoja las vendas? ¿Qué pasa cuando diario te laceran en el mismo lugar? ¿Cuando los que deben cuidarte te apuñalan donde más te duele?
Todo el tiempo estamos solos con una navaja. La mayoría la dejamos oxidar encima del lavabo, pero hay algunos que la toman y deciden mostrar lo que sienten por dentro. Emparejar el marcador y, porque la congoja los ciega, dejar que la oscuridad de adentro se derrame hacia afuera.
No se te olvide, por favor, que muchas cosas cortan, pero en el mundo existe la misma cantidad de cosas que te reparan las heridas. Te lo prometo.