
ENRIQUE GARRIDO
En unos días cumplo 35 años y en ese tiempo he adquirido pocas certezas y muchas incertidumbres. De las primeras destacan que los impuestos no son una broma, las desveladas y la cruda son mortales a esta edad y el dolor de espalda sólo puede aumentar; de las segundas, la estabilidad laboral, la posibilidad de una vejez digna y el nivel de infiltración de la Inteligencia Artificial en los estratos creativos, pero hay una que, pese a la falta de evidencia, siempre me ha intrigado de sobremanera: la probabilidad de vida extraterrestre. Esta duda ha acompañado a la humanidad a lo largo de su historia.
Viajemos en el tiempo, a un almuerzo en 1950. Allí, un físico italiano, premio Nobel y creador del primer reactor nuclear lanzó una pregunta: “¿Dónde están?”, la cual, posteriormente sería conocida como la paradoja de Fermi. ¿De qué se trata? Bien, para Enrico Fermi, pese a las grandes probabilidades de que exista vida extraterrestre, pues estadísticamente hay una gran cantidad de galaxias y planetas, seguimos sin haber dado con nadie.
Por esta razón, mi atención se la llevaron los denominados “aliens de Miami”, noticia que abarcó gran parte de las tendencias hace unas semanas. De acuerdo con las redes sociales, criaturas extraterrestres de más de tres metros aterrorizaron a la población en las calles de Miami. La noticia fue desmentida por los medios y los videos borrosos en el mundo del panóptico en HD. No obstante, frente a la cantidad apabullante de videos, blogs, y notas respecto a los UFOS y visitantes de la galaxia, en contraste con la alta probabilidad, pero nula certeza de su existencia, surge un sospechoso común: el Estado. Ente oscuro que ha tenido contacto con ellos, manipula la información y tilda de locos a quienes sacan a la luz la evidencia de que estamos siendo visitados. Fue en 1993 que, gracias a la imaginación de Chris Carter, una serie puso en el mapa la conspiración del gobierno. Bajo el lema «I want to believe«, los agentes Mulder y Scully del FBI luchan contra un sistema que nos mantiene bajo la ignorancia.
Lamentablemente, la realidad siempre supera la ficción y el Estado manipula el discurso para sus fines oscuros. Tal es el caso de Paul Bennewitz, un empresario e investigador del fenómeno ovni quien, en Alburquerque, Nuevo México, notó una extraña actividad cerca de la Base de Kirtland de la Fuerza Aérea. Él se lo atribuyó a visitantes del espacio, pero en realidad se trataba de operaciones militares secretas. Bennewitz se dedicó a difundir sus avances bajo la óptica conspiranoica, pero se volvió peligroso por el grado de avance. De modo que el gobierno de EEUU encontró una gran solución al problema: alimentar su paranoia para desviar la atención de lo que en realidad estaba pasando. Al final Bennewitz adquirió varios trastornos y delirios de persecución que lo dañaron de por vida y llevaron a ser recluido en un hospital psiquiátrico.
La parábola de Bennewitz se volvió un ejemplo de la manera en la que opera la manipulación de la información y el manejo de la propaganda, así como el desvío de atención de quienes controlan el discurso. En este sentido, los extraterrestres son la menor de nuestras preocupaciones, pues lo verdaderamente inquietante está aquí. Así, quizá la incertidumbre no sea mala, pues nos invita a dejar de lado, por un momento, nuestra certeza y buscar algo más allá de nuestro horizonte. Lo conveniente es dudar de todo y pensar que la verdad está allí afuera.