
El hombre es un diálogo íntimo.
Pascal
Por: Ezequiel Carlos Campos
La lengua no es sólo un mecanismo para comunicarse con alguien más, sino también un medio que surgió como introspección del habla comunicativa, ayuda personal ante el mundo, una voz dentro de nuestra cabeza. Como señala José Antonio Marina en su ensayo “Los lenguajes fracasados”, en nuestro interior nos transmitimos información y también nos damos órdenes y hacemos preguntas. Este tipo de voz, que llamaré interior, puede ser el reflejo auditivo de sí mismo, una representación de los pensamientos, ideales, creencias e incluso la voz de los más grandes miedos.
¿Cuántas veces no nos han dicho que dijimos lo que pensamos? Como si la voz interior traspasara la barrera entre el pensamiento y el lenguaje para decir lo que quería el interior. Veámonos como un autómata del lenguaje, con un mecanismo estructurado cuya cuerda de reloj se mantiene activa por la pila que es nuestra vida; en este mecanismo de reloj surge el lenguaje, me lo imagino como el sonido hecho por la manecilla de los segundos. Debe existir un sonido no expulsado por la manecilla, por el mecanismo, un sonido no hecho o quizá el eco de ese ruido. En ese silencio se encuentra nuestra voz interior, el lenguaje no dicho. Nos recuerda que existimos, tenemos cuerda y nos mantenemos al tanto de la cotidianidad, es una alarma interna que suena cuando algo nos está pasando.
¿Cuándo nos damos cuenta que ese lenguaje lo utilizamos diariamente? Un ejemplo es la lectura en silencio, cuando nuestra voz de adentro se encarga de transmitirnos el significado de las palabras. Este tipo de lectura se refiere a la percepción silenciosa de un texto, en donde el lector se dice a sí mismo las palabras leídas, pronunciándolas mentalmente y siendo más eficaz en la comprensión del tema, de esa manera se quitan los miedos del qué dirán al momento de hacer una lectura en voz alta, cuando nuestras voces no son como queremos o no tenemos buena entonación, cuando existe alguna carencia en el lenguaje o no leemos tan bien como pensamos; la lectura en silencio es un instrumento de confianza, se adecua más a la conveniencia del lector.
“Somos comentaristas de nosotros mismos”, puntualiza Marina, y podremos agregar que somos lectores de nosotros mismos. Cuando leemos a alguien más nos leemos a nosotros mismos. De esa manera se rompe una pared ficticia, se construye una cadena de lenguaje en el que las palabras son dichas y remitidas por alguien: el escritor que escribe una historia, la imprenta que imprime el libro, el lector que lo compra y el mismo lector que lee el libro a sí mismo.
La lectura en silencio es un lenguaje interior que transmite información a la propia voz interior nuestra, es un diálogo a dos voces entre el escritor y el lector y, aunque este tipo de lectura no es en sí un lenguaje que nosotros desarrollemos propiamente, es un claro ejemplo de cómo el lenguaje no se ausenta al leer en silencio, sino todo lo contrario, al hacerlo explotan en nuestras cabezas procesos lingüísticos dignos de recordar.