
Entrega II.
El oleaje del mar podría asimilarse a la escritura. Si se mira desde la orilla del muelle, ante el clamor más oscuro de la media noche, no hay distinción entre las aguas y el cielo infinito. Es como si cada estrella, en el clamor del pensamiento, quisiera verse reflejada en la inmensidad profunda de las aguas. Y, en su constante vaivén, las olas las llevasen por el sonido de su tempestad para los oídos de quien las mira, las descifra. Tal vez por eso la poesía es de silencios y sonoros en la vacua soledad. Si acaso alguien miró en los destellos bíblicos de la creación, explicaría que el Fiat Lux no es más que la imagen propia de la palabra que ilumina.
S. L.
DANIELA ORTEGA MAYORGA
La poesía ha sido y es alma de la humanidad desde sus primeros indicios, es bien sabido, que sin una no existiría la otra, pero más allá de eso ha sido cobija de los sentimientos, sensaciones, emociones y en sí, de la naturaleza humana de sentir. Es por eso que los poemas, además de darnos ese resguardo cálido de palabras embellecidas, también nos invitan a profundizar en lo que genuinamente significa, como también de cuestionar y profundizar dentro de nosotros mismos.
El presente trabajo tiene como objetivo el análisis del poema “El célebre océano” por Vicente Huidobro. Él es considerado uno de los más destacados poetas chilenos, fundamentalmente por ser el principal exponente del creacionismo literario (BNCH, 2024). El poema al que daremos análisis es “El célebre océano”:
El mar decía a sus olas
Hijas mías volved pronto
Yo veo desde aquí las esfinges en equilibrio sobre el alambre
Veo una calle perdida en el ojo del muerto
Hijas mías llevad vuestras cartas y no tardéis
Cada vez más rápidos los árboles crecen
Cada vez más rápidas las olas mueren
Los récord de la cabeza son batidos por los brazos
Los ojos son batidos por las orejas
Sólo las voces luchan todavía contra el día
Creéis que oye nuestras voces
El día tan maltratado por el océano
Creéis que comprende la plegaria inmensa de esta agua que cruje
Sobre sus huesos
Mirad el cielo muriente y las virutas del mar
Mirad la luz vacía como aquel que abandonó su casa
El océano se fatiga de cepillar las playas
De mirar con un ojo los bajos relieves del cielo
Con un ojo tan casto como la muerte que lo aduerme
Y se aduerme en su vientre
El océano ha crecido de algunas olas
El seca su barba
Estruja su casaca confortable
Saluda al sol en el mismo idioma
Ha crecido de cien olas
Esto se debe a su inclinación natural
Tan natural como su verde
Más verde que los ojos que miran la hierba
La hierba de conducta ejemplar
El mar ríe y bate la cola
Ha crecido de mil olas.
Lo primero que hemos encontrado es que, evidentemente, se trata de un poema escrito en verso libre. En dicho poema no es posible encontrar un patrón de rimas consonantes y asonantes, o algún patrón de métrica, es decir, el poema sí contiene rimas consonantes y asonantes, pero éstas son escritas de manera libre, formándose así 6 estrofas: una de diez, dos de cuatro, una de cinco, una de seis y una de dos versos respectivamente.
Al tratarse de un poema de origen creacionista, se cumple con su principal característica la cual se trata de únicamente de crear; es decir, de crear conceptos, imágenes, sin escatimar de creaciones más que las que en este caso el propio autor sea capaz de hacerlo, además de humanizar las cosas, en el caso del poema se le da un valor humano al océano o el mar. Ello se observa en su ya ampliamente recordado poema en el que compara a dios con el poeta.
Dentro del fondo del poema creacionista, definimos primordialmente la clave del texto, la cual es el océano, que Huidobro trata en un sentido literal, pero, a su vez, llevándolo a algo más íntimo y personal de sí mismo, como su propia existencia y legado literario, que de alguna manera tiene un final. Huidobro argumenta: «El Arte es una cosa y la Naturaleza otra. Yo amo mucho el Arte y mucho la Naturaleza. Y si aceptáis las representaciones que un hombre hace de la Naturaleza, ello prueba que no amáis ni la Naturaleza ni el Arte» (Huidobro, 1976, p. 734).
Huidobro era conocido por su amor al arte y a la naturaleza, por lo que en dicho poema es posible apreciar su perspectiva sobre el océano, pero a su vez, refleja diferentes perspectivas de la vida, esto considerando la misma naturaleza del oleaje y de la marea, donde el mar es la eternidad, puesto que es posible ver el inicio, pero nunca el final.
En el poema creacionista, detectamos fundamentalmente el posicionamiento de Huidobro como un dios del mar; es decir, como si se tratase del mismo Poseidón, transformándolo y llevándolo más allá, esto es posible apreciarlo en la primera estrofa los versos 1 y 2. “El mar decía a sus olas / Hijas mías volved pronto”. En el que el mar es personificado por un ser con voz y sentimientos, donde el escritor le da una humanización al océano, tratándose como si fuese una persona.
Además, el escritor chileno se ve a sí mismo como el océano, quien desde su perspectiva ve y es la sabiduría en equilibrio sobre la línea de la vida. Esto debido a que, para el escritor, los poetas son los únicos sabios verdaderos, esto ya que al crear nuevos conceptos son los únicos que pueden ver las manifestaciones más íntimas, siendo un contemplador de las ideas.
Además de que se habla del océano desde una perspectiva más melancólica y cansada del autor, producto del paso del tiempo. En la obra Huidobro hace una crítica hacia la sociedad de su época, hablando sobre cómo la fuerza del hombre supera su propio pensamiento y reflexión, y aquello que creemos ver es opacado por lo que escuchamos, quedando nuestra voz como única arma. Sin embargo, estamos incrédulos al creer que es escuchada debido al bombardeo continuo de nuestra propia realidad. Es aquí donde el autor, además de hacer dicha crítica, se hace un cuestionamiento sobre el alcance y trascendencia de su propia voz.
En Altazor, en el capítulo I de los versos 631 al 633, encontramos cómo Huidobro habla del mar de la misma manera que habla en el presente poema:
El día se suicida arrojándose al mar
un barco vestido de luces se aleja tristemente
y al fondo de las olas un pez escucha el paso de los hombres.
Es decir, la noche llega, la esperanza recae y en última instancia el fracaso o el final.
No obstante, Altazor es un poema de caída. Entre más larga sea mayor tiempo se será recordado, y es lo que hace Huidobro alargando el poema o el viaje, donde el recorrido se dirige al universo, pero también hacia la introspección interna.
Los versos “El mar ríe y bate la cola / ha crecido de mil olas” resaltan el proceso cíclico entre la vida-muerte de nuestra propia naturaleza humana, siendo que, con la rapidez y la fuerza de la creación y la caída de una ola, nuestra vida inicia y termina. Equiparando la fugacidad de la existencia. El poema engloba grandes temas y parte de su trayectoria como escritor creacionista, además de que, gracias a los conceptos creados, se puede encontrar una trascendencia más humana de nuestra propia realidad pintada con la naturaleza, pero llegando más allá de la misma, sino que el poema además de cuestionarse a sí mismo, cuestiona el entorno y la sociedad.
Nos recuerda que somos parte de la naturaleza, de ahí venimos y, como parte de nuestro proceso cíclico similar al de una ola de mar, la ola cae y nuestra vida termina. Sin embargo, nuestro final no necesariamente tiene que ser el absoluto, sino que forma parte de una transformación nueva, de la fuerte creación de una ola nueva, en la que de alguna manera todos somos parte del mismo mar, y por lo tanto de la misma eternidad. Sin olvidarnos de lo más elemental que nos caracteriza como humanos, el sentir y el morir.
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Referencias bibliográficas
Biblioteca Nacional de Chile (2024) “Vicente Huidobro”, consultado el 18 de noviembre del 2024: https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-7676.html#presentacion
Huidobro, V. (1976). Obras Completas. Ed. H. Montes. Santiago de Chile: Editorial Andrés Bello.