
JORGE L. CASTAÑEDA
La observación, concebida como una técnica, en conjunto con herramientas investigativas, permite la recuperación, organización y análisis sistemático del registro visual de lo que se pretende conocer relacionado con la escuela, la comunidad, el contexto y la práctica docente. Particularmente en esta última, los objetos e insumos por observar son infinitos, el motivo siempre: la mejora de la praxis para el alcance de propósitos de aprendizaje; independientemente del nivel educativo en el que se desarrolle este ejercicio, la parte esencial de la observación se centra en la generación de reflexiones docentes que impacten de manera positiva en el aprendizaje del estudiantado.
Dentro de las Instituciones Formadoras de Docentes, una de las tareas sustanciales que realizan el estudiantado y que guarda relación directa con su proceso de formación como futuros profesores, es precisamente la observación como una técnica que les permita la recuperación de datos que funjan como insumos para entender y explicar los fenómenos que se generan particularmente de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Desde esta idea, se han realizado esfuerzos sustentados en los planes y programas de estudios vigentes que permitan desarrollar en el estudiantado la técnica de observación.
Los planes y programas plantean todo un proceso para que de manera paulatina el estudiantado desarrolle la observación y que ésta le permita movilizar y hacer uso de diversos recursos teóricos, cognitivos, procedimentales y actitudinales para plantear propuestas resolutivas y creativas que genere una identidad profesional basada en procesos cíclicos sistemáticos dentro de su papel como profesional de la educación.
El tema se enriquece dado que existe un ejercicio necesario de observación también en los docentes formadores, quienes tienen la responsabilidad profesional de contar con un desarrollo consolidado de la observación, que les permita la recuperación sistemática de información para analizarla y retroalimentar a quienes se están formando; pero también obtener insumos teóricos – prácticos que retroalimenten su propia práctica en la formación docente, integrando particularmente elementos en torno a niveles educativos de la Educación Obligatoria, espacio en donde se proyecta, se desempeñarán sus estudiantes.
Al respecto, las condiciones y las responsabilidades de quienes se dedican a la formación de docentes es transcendental dado que la observación, adicional al mejoramiento de su práctica docente, les permite metodológicamente desarrollar procesos investigativos que coadyuven a la generación de investigaciones educativas de alto alcance que exijan una postura ante las problemáticas identificadas como fenómenos, que se traduzcan fundamentalmente en conocimientos que contribuyan a la mejora educativa.
La renuencia que pueda existir en docentes formadores para realizar actividades de observación del estudiantado, así como de los procesos que se generan al interior de prácticas educativas en las escuelas de educación obligatoria y de sus prácticas docentes es inadmisible, impensable, desafortunada. Las condiciones para desempeñarse como docentes son permanentemente cambiantes y la observación, permanece como uno de los medios preponderantes para la gestión de una docencia reflexiva. En este sentido es, pues, indispensable y representa nuestra responsabilidad profesional, seamos observados o no.