
Por Ana Guadalupe Rodríguez Mancha
Dentro de las familias modernas, nos hemos encontrado con cambios de roles muy marcados, donde los abuelos se convierten en padres y los padres de nuevo en hijos; los “yayos”, termino coloquial para llamar a los abuelos, es una de las expresiones más puras para definir a nuestro guía de vida, la persona más sabia y el sembrador de valores y cultura familiar.
Según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), para el año 2020 en México residen 15,1 millones de personas de 60 años o más, donde por cada 100 niños o niñas menores de 15 años hay 48 adultos mayores, a pesar del esfuerzo de universalizar la atención de la salud, el 20 % de las personas adultas mayores no cuentan con afiliación, pero ¿te imaginas un mundo donde cada 3 segundo aparezca 9.9 millones de casos de demencia en el adulto mayor? Hoy, no sólo es ficticio, sino una realidad.
La enfermedad de Alzheimer (EA) es un trastorno neurodegenerativo progresivo e irreversible, que se caracteriza por el deterioro cognoscitivo y conductual en los adultos mayores, se presenta de inicio insidioso, hasta evolucionar por años a trastornos de memoria moderada y concluir con una dependencia total para las actividades básicas de la vida diaria.
Se ha calculado el costo anual per cápita en México de más de 100 mil pesos para el cuidado de una persona con demencia. El gasto catastrófico para la atención de una persona con demencia puede mermar hasta el 60% del presupuesto familiar, que incluye el costo de los cuidados a largo plazo, las hospitalizaciones recurrentes, además de los gastos secundarios derivados por los cuidados como días laborales perdidos y consecuencias médicas psiquiátricas de los cuidadores.
Algunos factores de riesgo para padecer esta enfermedad es la edad mayor a 65 años, estados depresivos, hipertensión arterial sistémica, diabetes mellitus, obesidad, sedentarismo, tabaquismo, bajo nivel educativo y familiares de primer grado con enfermedad de Alzheimer. Cursa con una afección cognoscitiva, que incluye los trastornos de la memoria, trastornos afásicos (falla en el lenguaje para comunicarse), la agnosia (pérdida de la capacidad para identificar objetos o personas) y la apraxia (dificultad para hacer movimientos de coordinación); la segunda gran afección en el comportamiento y alteraciones psicológicas como la apatía, trastornos del apetito, hiperactividad, psicosis o alteraciones en el estado de ánimo.
Para el tamizaje se utilizan algunas herramientas como el “Mini Mental State Examination” (MMSE) o el test de “Montreal Cognitive Assessment” (MoCA), que se aplican en cualquier centro de salud por personal capacitado y, si se confirma un deterioro cognitivo, se deriva al médico para iniciar estudios complementarios como Tomografía axial computarizada o resonancia magnética.
A demás del tratamiento farmacológico, es imprescindible iniciar lo antes posible con la terapia no farmacológica, implementando de manera familiar con intervenciones conductuales, cognitivas y sensorial, donde todos colaboren con la atención y cuidado del paciente, algunos consejos para sobrellevar esta patología es hacer ejercicio acompañado, orientarlo en tiempo y lugar, evitar la hiperestimulación, mantener contacto visual, procurar un entorno seguro y bien iluminado, áreas libres de espejos que puedan propiciar la psicosis, colocar notas identificativas en puertas del domicilio, programar actividades de distracción y reorientación, proporcionar música del agrado del paciente, mostrarle fotos, contarle historias, presentarse todos los días en familia, en pocas palabras los “yayos” ahora intercambian papeles, convirtiéndose en niños para ser cuidados por lo hijos y enseñarles nuevamente todas las actividades básicas de la vida diaria, como cuando ellos lo hicieron.
Este tipo de demencia impacta de manera social, económica y física a la familia, ya que en muchas ocasiones, se aísla a los adultos mayores por la vergüenza o miedo de perder la cordura en público, o simplemente ser señalados por la sociedad, pero recuerda que en este proceso de cambio no estás solo, siempre existen una alternativa. Digamos salud a la prevención.