
J. Luis Carvajal
Ahora que lo pienso, la poesía “postlopezvelardeana” se caracteriza por cierta precocidad y cierta vocación “culterana”. José de Jesús Sampedro ganó a los veinticinco el Premio Nacional de Poesía con su primer (y penúltimo) libro de poemas: Un (ejemplo) salto de gato pinto (1976). Se formó, además, en la Universidad: otra característica común entre los y las poetas que conforman la poesía zacatecana vigente, además de su erudición, sus juegos intertextuales, su vocación experimental. Aunque algunos y algunas autoras han revalorizado el uso de la métrica, la poesía postvelardeana tiende al verso libre y privilegia la imagen poética por encima del ritmo oral. El libro mencionado de Sampedro es pionero en ese sentido: un debut poético cuya relevancia ha sido señalada por la crítica, pero que reclama una revalorización por los lectores contemporáneos.
Desde el título, el libro augura sorpresas. Es un verso octosílabo, realista y cotidiano, que se vuelve endecasílabo con la adición de una palabra (ejemplo), que además transfigura la imagen y la vuelve onírica. No es lo mismo un salto de gato pinto que un ejemplo salto de gato pinto. La obra inicia con un prólogo en prosa poética: un manifiesto (post) surrealista que replantea la relación entre la vida y la consciencia, el inconsciente y la poesía. Su argumentación parte de San Agustín, pasa por Descartes, se apoya en Breton y dialoga con Marx. “Todo estaba preparado. La poesía apareció de nuevo en medio de un intenso esfuerzo por significar la vida bajo búsqueda y consonancia de la revolución social, el inconsciente aparece como categoría poética: el hombre libre de fuerzas irracionales”, sostiene con un optimismo revolucionario que aún conmueve.
El resto del libro no hace sino consumar esa utopía: esa política de lo poético. La vida cotidiana es filtrada por la imaginación y la escritura de un joven poeta que ama la poesía como ama a esa muchacha y contempla un gato mientras escucha a los Beatles y relee a Cesare Pavese (por ejemplo), mientras imagina nuevas (caleidoscópicas) versiones del Kamasutra. Trastocar el lenguaje, transforma la palabra y transfigura el mundo: el sueño de Rimbaud se funde con el de Marx y la poesía transmuta la realidad ordinaria (y burguesa) en el caos maravilloso del lenguaje. “martes 23 callejón del mono prieto / la muchacha sobre el puente naranja cuando llueve / tu muerto pide casa de metate pero te tiene / la circunferencia del ojo toca el piano / esto que digo no termina la esperanza / un pájaro duro como tu contemplación entrega su pata rendido de ti / ah la mesa del amor se ha puesto de prisa”.
Sin duda, el poema más ambicioso del libro es yo remito a este canto antiguo, donde Sampedro retoma las figuras poéticas del mundo náhuatl y las reanima mediante una poiesis surrealista. Convencido de que, en el nuevo orden poético, el pasado y el futuro se funden en el instante de la escritura, del mito y del canto, el poeta canta: “en tu vientre canta el sol danza el reflejo nace un colibrí / pulsaciones en tu vientre el pozo tiene sed el cielo instala / sus estrellas una ardilla devora su raíz / en tu vientre se oculta el sol mi muerte vuelve a suceder respira / pájaros de la mañana preparan su lanza amarilla / el maíz anda / de prisa por tus pechos”. A casi medio siglo de su publicación, Un (ejemplo) salto de gato pinto conserva intacta, entre sus versos, la arcana energía de un joven poeta que poco a poco se agazaparía tras la figura pública José de Jesús Sampedro, el intelectual, el editor, el personaje literario que ahora conocemos.