
El olvido es la única venganza y el único perdón.
Jorge Luis Borges
FERNANDO CASTAÑEDA
I
Quise olvidarte un día,
más la sombra de tu voz,
se enredó, fatal y atroz,
en esta oscura melodía.
El tiempo me ha pisado,
creo que la herida se cerró,
pero el viento te arrastró
hasta un sueño ya olvidado.
Y si este olvido me es cierto,
no tendría que fingir:
sabes bien, no sé mentir,
mi sed, real, en este desierto.
El eco mudo del viento
me susurra que no estás;
pero el alma, una vez más,
te recuerda en su lamento.
Bebo el aire y no te encuentro,
ni en la brisa ni en mi piel,
mas persiste el mismo anhelo,
gota ardiente, amarga miel.
II
Tus errores son arena
que los mares borrarán,
y si el viento vuelve atrás,
mi memoria será ajena.
No hallarás en mi mirada
ni rencor ni algún reproche;
de la sombra hasta la noche
queda tu culpa sepultada.
Juro, amor, que he de olvidar
cada espina, cada herida,
tal sentencia está dormida,
y no vuelva a despertar.
Que no tema tu conciencia,
ni te siga aquel ayer;
pues mi amor sabe entender
y el olvido es mi sentencia.
III
Cierro puertas, bajo el cielo,
donde el tiempo no hace mal;
en mi sombra es irreal
todo aquello que fue anhelo.
No me sigas, que el sendero
ya no guarda tu canción;
soy la grieta en el rincón,
donde muere lo que espero.
Que no insista el viejo día,
que no insista tu dolor;
soy refugio y soy rumor,
eco mudo en lejanía.
No me pidas ni valía,
ni sentencia de algún juez,
esto lo hago por tener,
en mi pecho alguna vía.
IV
Veo rostros sin un nombre,
y en mi piel, sombras de ayer;
se deshace mi querer,
como barco en mar, sin hombre.
¿Qué mentira me ha traído
a este cuarto sin color?
Si me nombro, es con temor,
pues mi voz ya me ha perdido.
Soy memoria que se apaga,
soy un barco sin timón,
y aunque busco dirección,
solo el viento me acompaña.
La caricia es más que extraña,
pero asoma alguna luz,
destello de mi voz,
“hijo mío” al poeta llama.
V
Hoy la culpa se ha dormido,
hoy el peso se cayó;
ya no sé quién me dañó,
ni el porqué de lo perdido.
Hoy mi mente es hoja en blanco,
brisa leve, paso leve;
hoy el alma ya no llueve,
hoy el aire es limpio y franco.
Que se queden los recuerdos
con quien quiera recordar;
yo prefiero caminar,
sin mirar hacia los muertos.