
MARLENE BURNETT AGUILAR
Desde que recuerdo, he sentido un deseo inmenso por escuchar la historia de las mujeres que conforman mi familia, tratar de comprender de dónde vengo, por qué soy como soy, de qué me sostengo. Mis amigas me contaban sus propias historias, conocí su origen y aprendí a escuchar porque yo no tenía una historia qué contar, lo que tenía eran recuerdos de los que dudaba. Mi bisabuela murió cuando mi abuela era muy pequeña. La historia se repitió con mi madre. A mi abuela paterna le tenía miedo. De mi madre, hermana, tías y primas conozco su silencio. Comprendí que muchas de las ausencias del reconocimiento propio se originan en la historia familiar, recurrimos a ellas en primer lugar para sostenernos, pero es difícil cuando no tienes una historia a la que aferrarte.
Ante tal ausencia me refugié en las voces de otras mujeres. Anaïs Nin proponía indagar todas las historias, confesiones, biografías y autobiografías escritas por mujeres para encontrarnos en ellas y reivindicar nuestra propia historia. En Elena Ferrante y Annie Ernaux reconocí la importancia del rol de nuestras madres al darnos cuenta que su vida yace dentro de cada una de nosotras y se expresa de alguna manera.
Miré nuevamente a mi madre, pensé en su infancia, en la pérdida de su propia madre y en el recuerdo que tal vez conservaba. Así sentí su presencia dentro de mí, abrazándose al pecho y al corazón con todas sus fuerzas. Ahora la comprendo, la ausencia de la historia de mi madre se expresaba a través de su silencio, cuidaba su cariño con delicadeza, como si temiera ser arrebatado, entendí que cuando el dolor es inmenso la voz deja de ser ¿cuántos dolores guardará el silencio de mi madre? ¿Cuántos dolores y recuerdos han guardado los silencios de las demás? ¿Cuántas más recurrieron y seguirán recurriendo al silencio para protegerse?
Menciona María Sánchez que “Cuando empezamos a ser conscientes de lo importante que es reconocerse en alguien surge un sentimiento nuevo: sentirse hermana de alguien que conoce el camino, convertirla en una pieza clave de nuestra historia, en un engranaje que nos permitirá crecer día a día», así cada una de esas voces que poco a poco se van expresando se están convirtiendo en el faro de luz que necesitamos para navegar en este mar de ausencias. Durante la travesía pensaba que mi historia comenzaba y terminaba conmigo, que no tendría donde sujetarme, pero no, mi historia comienza viendo a mi madre, reconociéndome en ella o reconociendo rasgos de ella en mí, aun cuando la genealogía familiar quede corta. Mi historia continúa encontrándose en las historias de las demás, de todas y cada una de ellas, la historia de las mujeres nos hermana, nos atraviesa reconociéndonos mutuamente. Ésta es la particularidad de nuestra propia lucha.
Sumamente hermoso. Un cuento que refleja la busqueda de la identidad personal a traves de la ausencia del amor que ya es un amor NUEVO Y RECONOCIDO. Lo enriquece el aporte feminista de ciertas escritoras citadas.