
ADSO EDUARDO GUTIÉRREZ ESPINOZA
Llevo meses alimentando unos pájaros ferales, suelo dejarles semillas (alpiste) y un poco de agua. No sé qué tipo sean y tampoco su sexo, sólo me importa alimentarles y ofrecerles un espacio de descanso para que después hagan lo propio de los pájaros. La averritud o la pajarritud, según sea el caso —incluso, ahora no me decido qué sustantivo usar para referirme a ellos, ave o pájaro.
Observarlos ha sido nutritivo, incluso me he cuestionado sobre su diferencia con otros animales, no tanto por un asunto meramente biológico o anatómico. Más bien sobre su relación con otras especies. ¿Cómo mirar el mundo en términos de pájaro?, ¿cómo escuchar y diferenciarse de otros? Pregunté a un biólogo y a un amante de los pájaros sobre cómo se distingue a la hembra del macho y ambos coincidieron que es complicado porque depende mucho de la especie, aunque hay unas claves generales: la coloración del plumaje, el tamaño y la forma, los cantos y los comportamientos y patrones en la cabeza, el plumaje y la cara. Sin embargo, estos métodos no son infalibles y en algunos casos se aplican análisis de ADN o exámenes especializados para distinguirlos.
¿Cómo mirar el mundo en términos de pájaro? Hay una canción del Cirque du Soleil, Valsapena, que cuenta cómo la tierra se enamora de un pájaro y, por “amor”, lo mantiene en cautiverio hasta que él muere y la tierra solo llora arrepentida. Esta canción es interesante por cómo la tierra ve al pájaro, su vuelo, sus plumas y su canto, ella lo ve en términos de que su pajarritud implica libertad, ligereza, alegría y vuelo o danza aérea. Por otro lado, el siguiente meme, o una de las tantas versiones:
No hay mayor explicación con el meme, solo ironiza cómo el hombre interpreta el canto a partir de sus signos, de su humanidad. Este meme me hace pensar cómo el canto que escucho en la calle podría ser una burla contra, por ejemplo, mi manera de caminar o mis anteojos —como el caso del joven que falla en una acrobacia, cae y un ave canta como si se burlara de él.
Por otro lado, se tiene concepciones, típicas en seres arrogantes como nosotros (los humanos), que han creado valores semánticos y semióticas para interpretar aspectos negativos de conductas humanas, tales como “eres una gallina”, “tienes la cabeza llena de pájaros”, “qué pavo o ganso eres” y “cabeza de chorlito”. Por supuesto, estas concepciones se alejan de la pajarritud. Mi amigo, el amante de los pájaros, me contó distintas experiencias sobre los pájaros que ha ido rescatando, como el caso de dos hermanos que llegaron, enfermos y pequeños que fueron retirados de sus padres, y cómo ellos se daban muestra de afecto, de levantarse ánimos y los distintos cantos (por desgracia uno de esos hermanos falleció por enfermedad).
(Jennifer Ackerman es una naturalista estadounidense que ha publicado libros de divulgación científica sobre los pájaros, los cuales han ido reconociendo las concepciones arcaicas y las ha ido rompiendo al aproximarnos a las distintas investigaciones sobre ellos. El ingenio de los pájaros es una delicia al leerlo, más allá del estilo sencillo y didáctico, pues descubrí cómo las aves tienen una inteligencia formidable, además de sus interacciones sociales con miembros de su mismo grupo y la comunicación para advertir sobre depredadores y dónde hay alimento. La conducta de los pájaros es la próxima cita que tendré).
¿Cómo ha sido el observar los pájaros? Dentro de las sorpresas, que tal vez sea una ingenuidad para los conocedores, fue observar la comunicación entre ellos. Una tarde, por ejemplo, vi cómo un pájaro llevó a uno más chico, joven, y le enseñaba cómo pelar la pepita, aunque sí hubo ocasiones en el que lo alimentaba. Fue particularmente curioso, sabiendo que estos pájaros son tímidos y nerviosos con la presencia humana. También, aunque más allá de las implicaciones comunicativas, llegó un pájaro, un poco más grande, para apropiarse del alimento, considerando que había suficiente para todos. Siempre hay un imbécil.