
Adso Eduardo Gutiérrez Espinoza
Así, pues, comienza “Chucky” —una de esas series de terror, televisiva por supuesto (o streaming según sea el caso), que vuelve a la serie cinematográfica del muñeco asesino—: una voz superpuesta informa sobre el hallazgo de cuerpos en un supermercado y la preocupación de la policía por no tener idea del victimario, mientras el espectador mira, a través de un personaje que no aparece a la vista, una escalera y luego la espalda de una mujer sentada que se cepilla frente a un espejo. Este compilado audiovisual, el juego de la cámara con el sonido y la ambientación, recuerda a la emblemática escena de “Halloween” (John Carpenter, 1978), en donde un niño Michael Myers apuñala hasta la muerte a su hermana mayor —esta escena es reimaginada por Rob Zombie en su versión del 2007 de este personaje del cine slasher: asesina a la hermana y a su novio y a la pareja de su madre. Luego, se presenta Jack un adolescente que negocia la compra de un Good Guy a una mujer en una venta de garage. Con estos minutos, se nos presenta el tono claroscuro y a los personajes claves de esta serie peculiar.
Tal escena echa una mirada, indirecta, aunque obvia, a “Child’s Play”: la primera trilogía en la que se cuenta la “aventura” de Charles Lee Ray por hacerse de un cuerpo humano, luego de haber trasladado su alma a un muñeco Good Guy. El tono de esta primera trilogía, sin duda, es una mezcla entre el terror y el horror con un relato policiaco, en el que se busca detener los crímenes del muñeco, que ya comienza a tener unos tintes humorísticos, los cuales se vuelven más presentes a partir del episodio cuatro y continúa con la serie, claro siendo la cuarta y quinta partes una sátira de las películas de slasher y la cultura pop —¡¿cómo olvidar a Glen o Glenda, que hace referencia al documental de Ed Wood?!—. Para el sexto episodio, se desarrolla un drama familiar, en el que Charles Lee Ray tiene una participación inusual, al obsesionarse con una mujer. Lo relevante de este episodio es la inclusión de un nuevo rostro, la actriz Fiona Dourif (Nica Pierce), que vuelve a las próximas entregas. El séptimo episodio traslada los asesinatos a un hospital psiquiátrico —un guiño a la tercera entrega de El Exorcista (1990, Dir. William Peter Blatty), en donde Brad Dourif desempeñó el papel del asesino Géminis— y presenta un despropósito, al menos para cierto sector del público: el alma dividida del asesino, como un Lord Voldemort con cuchillo. Sin embargo, este “despropósito” le permite explorar otras lìneas argumentales, que mantienen a Brad Dourif (Chucky/Charles Lee Ray), Jennifer Tilly (Tiffany Valentine/Ella misma) y permiten el regreso de los actores originales —Alex Vincent (Andy Barclay) y Christine Elise (Kyle Simpson).
La división del alma de Chucky le permite al asesino introducirse en otros muñecos Good Guy y habitar en el cuerpo de Nica Pierce. Estas extensiones de cuerpos van permitiendo que las acciones del homicida se diversifiquen y se extiendan a otras áreas geográficas. Lo anterior, sin duda, dificulta la labor policiaca para encontrar al homicida —claro, los oficiales en esta saga brillan por su ineptidud y miopía, pues a las víctimas que respaldan el relato del muñeco homicida terminan encerrándolos en un hospital psiquiátrico, tales como la madre de Andy y la propia Nica Pierce. Lo interesante de esta línea argumental radica tanto en la crítica a los cultos y sectas —comunes en el mundo occidental— como a las posibilidades. Una de ellas se explora en la serie Chucky, en donde una pieza de ese alma cae en manos de Jake Wheeler, un joven artista que desarolla sus habilidades como escultor y padece el acoso escolar en su instituto por ser abiertamente homosexual.
Esta posibilidad permite contar los tres tiempos narrativos de la saga: el pasado en donde se explora la historia en solitario de Charles Lee Ray, las acciones posteriores a la escapatoria del sanatorio mental de Nica y Andy Barclay, conviertiéndose la una en una extensión de Chucky y participante sin querer en los asesinatos de Tiffany Valentine y el otro una suerte de cazador de muñecos, acompañado de su hermanastra; el presente en donde Jake padece las consecuencias de las acciones del muñeco, las muertes alrededor suyas y las alianzas con otros jóvenes para detener al muñeco, su romance incipiente con un joven, igualmente importante, y fragmentos en donde Andy y Kyle cazan a los muñecos-horrocruxes; y el futuro en donde se explora la posibilidad de una cantidad exorbitante de muñecos controlados por Charles Lee Ray.
La serie está rompiendo, porque no solo está atrayendo a las nuevas generaciones, sino está respondiendo y resolviendo líneas abiertas en las películas.
EXCELENTE SINOPSIS …
Perfecto para las fechas y motiva a un maratón