
Por: Daniela Albarrán.
A propósito del reciente galardón “Princesa de Asturias” otorgado al escritor japonés Haruki Murakami, me gustaría compartir algunas reflexiones que he hecho sobre su obra. Es bien sabido que el escritor japonés es el eterno candidato al Nobel de Literatura debido a su destacada trayectoria en el mundo de las letras, pero no ha sido galardonado porque hay una constante denostación de su obra por parte de la crítica literaria.
Entonces surge la pregunta: ¿por qué hay tanto rechazo hacia un escritor cuyas obras son de las más vendidas en el mundo? Y creo que en esta pregunta ya tenemos parte de la respuesta. A lo largo de mi experiencia en el mundo literario, he observado que, en general, cuanto más famoso y exitoso se vuelve un escritor, más odio recibe por parte de la academia. Un ejemplo similar a este fenómeno es el caso de Stephen King. Parece ser que mientras más secreto y enigmático sea un escritor, más respeto recibe, e incluso, peor aún, cuantas menos ventas tenga, más reconocimiento intelectual obtiene.
Soy consciente de que Murakami es un escritor que no a todos les agradará; su obra tiene ciertas características que, desde mi punto de vista, podrían ser motivo de desagrado en algunos sectores. Una de ellas es precisamente el disfrute que yo encuentro al leerlo, algo que quizás haya inventado y que me gusta llamar Feeling Blue. Considero que esta es una de las contribuciones estilísticas que ha dejado en la literatura japonesa.
Llevo varios años sumergida en el estudio de la literatura japonesa, aunque debo aclarar que lo hago como una pasión personal y no desde el ámbito académico. A lo largo de mis lecturas, la mayoría de las novelas me evocan un sentimiento de Feeling Blue, una melancolía que no es negativa, sino más bien una nostalgia que se relaciona con las cosas hermosas que he experimentado en la vida y que ya no están, pero que perduran en mi memoria.
En la mayoría de las novelas que he leído de esta parte del mundo, encuentro características atmosféricas muy similares. Creo que uno de los aciertos de la literatura japonesa radica precisamente en su capacidad para construir una atmósfera única, y considero que este es uno de los legados que Murakami ha dejado en la literatura nipona.
Por otro lado, la crítica literaria ha mencionado que el escritor tiene tintes profundamente occidentales, una idea con la que difiero completamente. Si bien es cierto que en algunas ocasiones sus personajes beben cerveza o comen hamburguesas, considero que la construcción profunda de sus personajes es una manifestación inequívoca de la cultura japonesa. Además, sus personajes nos presentan una forma de ver la vida muy distinta al occidente, ya que buscan un sentido humano más allá del capitalismo que caracteriza a esta parte del mundo. Por otro lado, me gustaría destacar que también hay un profundo simbolismo en su obra. Por ejemplo, en Crónica del pájaro que da cuerda al mundo podemos encontrar numerosos símbolos, como el gato, la desaparición de Kumiko (que representa una desaparición metafísica de la presencia femenina, un leitmotiv en la obra del autor) o la presencia recurrente de la luna en 1Q84, por mencionar un par de ejemplos.
Quisiera destacar algo que he encontrado en la obra de Murakami, específicamente en dos de sus libros: Crónica del pájaro… y Al sur de la frontera, al oeste del sol. En ambos libros, sus narradores son hijos únicos. Puede parecer un detalle insignificante, pero como hija única, no conozco a ningún otro escritor que aborde este tema y que hable sobre cómo ser hijo único te define de cierta manera frente al mundo. El protagonista de Al sur… expresa: “Yo no tenía hermanos […] Durante toda mi infancia odié la expresión ‘hijo único’. Cada vez que la oía, era consciente de que me faltaba algo. […] Que los hijos únicos fueran niños consentidos por sus padres, enfermizos y egoístas era una convicción profundamente arraigada en el mundo en que crecí” (p. 3).
Por último, me gustaría mencionar otra característica destacada de la obra del escritor japonés, y es que se atreve a escribir novelas verdaderamente largas, como las ya mencionadas 1Q84 y Crónica del pájaro… Considero que la literatura contemporánea a menudo les tiene miedo a formatos extensos, y que él escriba de esta manera es un acierto. Si bien la primera novela es más fácil de leer y digerir, la segunda es una novela surrealista en la que parece que nada de lo que sucede tiene sentido, y creo que esa es la apuesta y propuesta de la globalidad de su literatura: nada tiene que tener sentido, en el caos hay belleza y en la tristeza también.