Fotografía extraída de redes sociales
KAREN SALAZAR
El historiador y ensayista italiano Carlo Ginzburg murió este 17 de junio de 2026 en la ciudad de Bolonia, a los 87 años de edad. Su fallecimiento marca el cierre de una de las trayectorias más influyentes de la historiografía contemporánea.
Considerado uno de los principales impulsores de la microhistoria, Ginzburg propuso trabajar con escalas reducidas de observación para revelar procesos culturales más amplios. En lugar de centrar la investigación en reyes, guerras o instituciones, examinó expedientes judiciales, testimonios inquisitoriales y otros documentos aparentemente menores para reconstruir formas de vida, creencias y conflictos sociales.
Su libro más influyente, El queso y los gusanos, reconstruyó el universo mental de Menocchio, un molinero del siglo XVI perseguido por la Inquisición. La obra se convirtió en un referente internacional porque mostró cómo un caso individual podía iluminar tensiones religiosas, políticas y culturales de toda una época. También destacan Los benandanti, Mitos, emblemas e indicios y El hilo y las huellas.
Otro de sus aportes decisivos fue el llamado paradigma indiciario, método que interpreta pequeños rastros, detalles y anomalías documentales como pistas capaces de conducir a una comprensión más profunda de los hechos históricos. Ginzburg comparaba esta labor con la del detective que reconstruye una escena a partir de señales mínimas.
Nacido en Turín en 1939, creció en una familia marcada por el antifascismo: era hijo del intelectual Leone Ginzburg y de la escritora Natalia Ginzburg. A lo largo de su trayectoria impartió clases en la Universidad de Bolonia y colaboró con universidades estadounidenses como Harvard, Yale y UCLA.
La obra de Carlo Ginzburg dejó una huella profunda en la historia, la antropología y las ciencias sociales, al demostrar que las pequeñas historias pueden iluminar los grandes movimientos de la humanidad.