KAREN SALAZAR
El mundo de las ideas viste de luto tras el fallecimiento del célebre filósofo y sociólogo francés Edgar Morin, quien murió este viernes en París a los 104 años de edad. Con su partida desaparece uno de los humanistas universales más influyentes del último siglo, cuya mente inatrapable desafió las fronteras del conocimiento tradicional. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, lo despidió rindiéndole tributo al definirlo de manera categórica como «el humanismo hecho persona».
Nacido en 1921 bajo el nombre de Edgar Nahoum, adoptó el apellido Morin de forma clandestina durante su época como miembro activo de la Resistencia francesa contra la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial. Esa juventud combativa forjó el carácter de un intelectual que se negó a aceptar dogmas institucionales y que dedicó casi cuatro décadas de labor científica al prestigioso Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS).
Su contribución cumbre a la cultura contemporánea fue el desarrollo de la teoría del pensamiento complejo. Morin combatió con fiereza el reduccionismo de la ciencia clásica, la cual fragmentaba la realidad en disciplinas aisladas. En su lugar, el filósofo propuso una visión transdisciplinaria e integradora, argumentando que para comprender al ser humano resulta indispensable interconectar la biología, la filosofía, la política y la incertidumbre.
Su vasta herencia escrita abarca más de cuarenta títulos. Destaca su monumental enciclopedia de seis volúmenes titulada de manera general El Método, así como el célebre tratado pedagógico Los siete saberes para la educación del futuro. Hasta sus últimos instantes de lucidez, defendió una postura de «opti-pesimismo»: una mirada crítica frente a las crisis ecológicas y bélicas globales, acompañada siempre de una inquebrantable dosis de esperanza lírica en la comunión humana. El faro de la complejidad se ha apagado, pero sus coordenadas conceptuales quedan grabadas de forma permanente en la historia de la filosofía occidental.