FOTOS/TEXTO: KAREN SALAZAR
En una noche cargada de símbolos, texturas y múltiples lenguajes, el artista y escritor Óscar Édgar López inauguró su exposición Una farsa es la mañana en GaleríaVetagrande. La muestra reúne obra pictórica, una carpeta gráfica y publicaciones de autor, en un gesto que desdibuja las fronteras entre las artes visuales y la literatura para construir un universo narrativo donde lo cotidiano se vuelve signo y disidencia.
Acompañado por la música en vivo de Centro Norte, López ofreció un recorrido íntimo por su trabajo reciente. La exposición no sólo se articula como un montaje de piezas, sino como un cuerpo en movimiento que se interroga a sí mismo. En él habitan el dibujo como memoria, la tinta como acto de insistencia y el papel como un espacio de resistencia. Todo ello envuelto en un estilo mordaz, vestido de humor negro, consistente en su crítica social, pero también oscuro y satírico, capaz de incomodar con elegancia y provocar con inteligencia.
Durante el evento, el autor compartió fragmentos de su novela inédita, cuya voz narrativa hilvana la ironía, la ternura y una crítica sutil a los discursos establecidos. También leyó pasajes de libros ya publicados, que dialogan con la exposición y amplifican su resonancia poética. La lectura se convirtió en una performance que extendió la experiencia visual hacia la escucha atenta, revelando una poética donde la imagen también se escribe.
Janea Estrada presentó desde la complicidad crítica y el oficio literario, destacando la fuerza con que la obra de Óscar Édgar subvierte lo ordinario para revelar su núcleo más feroz: ese que, en lugar de dar respuestas, abre grietas, interpela y arde.
Por su parte, Martín Galván ofreció una lectura punzante del trabajo de López: una escritura que escarba en lo abyecto, en lo que se reprime y se esconde bajo el tapete de las buenas conciencias. En su texto, Galván describe con precisión quirúrgica cómo la obra de Óscar baja al abismo para exhibir «la piedra incómoda que todos llevamos en el zapato»: lo ruin, lo amoroso, lo monstruoso. Con una prosa afilada, subraya que la literatura de López no busca consolar, sino devolvernos a esa condición “humanosa” que se debate entre la ternura y la podredumbre.
Una farsa es la mañana permanecerá abierta al público en GaleríaVetagrande.












