Fotografía: Alejandro Primero
Ezequiel Carlos Campos (1994) regresa al panorama literario con una obra distinta dentro de su trayectoria, que se compone principalmente de poesía. Se trata de Elogio de la educación. Apuntes sobre la labor docente (Taberna Libraria, 2026), un libro de narrativa que se mueve entre el aforismo, el apunte, la reflexión y la microficción.
Carlos Campos explora en este nuevo título su experiencia como docente en los niveles de secundaria y bachillerato, sin dejar de lado su trabajo como reportero, oficio que también ha marcado su mirada y su escritura en libros como Crónica del desagüe (IZC, 2020). En la siguiente entrevista habla sobre estos distintos frentes de su trabajo y sobre el lugar que ocupa su nuevo libro dentro del conjunto de su obra.
EL MECHERO: Antes de Elogio de la educación, tu obra se ha movido principalmente en el terreno de la poesía. ¿Cómo describirías la evolución de tu voz poética a lo largo de tus libros anteriores, y qué huella crees que deja ese oficio poético en un libro de otro género como este?
EZEQUIEL CARLOS CAMPOS: A través de los libros escritos, lecturas y la propia madurez, mi voz poética ha tomado un matiz que nunca había logrado; por ejemplo, creo que mis últimos libros de poesía, específicamente Crónica del desagüe y Exilium, se han acercado a lo que a mí me gusta leer, y este es un criterio propio para saber si algo tiene valor o no. Desde esta visión, creo que mi poesía está tomando un valor importante, por lo menos desde mi punto de vista, y eso es algo significativo en el tema de la motivación.
Por otra parte, creo que mi visión como poeta ayudó mucho a que se formara Elogio de la educación, porque es un libro raro en ciertos puntos, no es académico ni su intención es valorar la labor docente, sino sólo traspasar algunas vivencias, recuerdos e imágenes que iban saliendo al momento de dar clases, algo que se puede —o se debe— escribir desde la poesía.
EM: Este nuevo libro mezcla aforismo, apunte, reflexión y microficción. ¿Por qué elegiste esta forma híbrida y no la poesía o el ensayo tradicional para hablar de la docencia?
ECC: En sí el libro no tiene un género específico, esto es porque durante un año llevé un cuaderno de apuntes e iba redactando cualquier situación que se me ocurriera o lo que motivara algo, por eso el lector encontrará diferentes géneros (incluso la poesía o el ensayo). Si soy sincero, este libro no se pensó como tal, sólo era mi bitácora, pero poco a poco fue tomando forma.
EM: ¿Qué momento o experiencia concreta en el aula fue el detonante para empezar a escribir Elogio de la educación?
ECC: No hubo una experiencia, sino una lectura. Leía en ese momento Del inconveniente de haber nacido, de Emile Cioran, un libro de aforismos. Y me dieron ganas de experimentar con el género, o por lo menos acercarme un poco a él. Recuerdo que desde la lectura de ese libro empecé a reflexionar sobre mis días, y mis días eran un espejismo de mi labor como docente. Poco a poco vi que los textos iban encaminados la reflexión educativa, así que quise continuar por ese camino, como un simple ejercicio meditabundo.
EM: Como docente, ¿qué diferencia hay entre “enseñar” en un salón de clases y “enseñar” a través de la escritura? ¿Sientes que son la misma vocación o son actos distintos?
ECC: Es algo complicado de responder. Este libro no intenta enseñar, sino mostrar, incluso jugar. Así que son cosas distintas, creo yo; en el aula se “enseñan” cosas, como aprender a vivir, ver, sentir y comprender el mundo; a través de la escritura, o por lo menos hablando desde mi experiencia personal, la vocación del escritor es mostrar visiones de mundo y jugar con el lenguaje.
EM: El título habla de “elogio”. ¿Es un libro que celebra la educación tal como es, o más bien una manera de imaginar cómo debería ser?
ECC: Es importante aclarar que se llama “elogio” porque el libro es parte de una colección con ese título que publica la editorial Taberna Libraria, o sea, que todos los títulos se componen en un principio por esa palabra. Pero, pensándolo bien, creo que quedó bien más allá del pretexto por entrar en la colección, porque sí celebra la labor del docente, algo ya de por sí extraño más allá del Día del Maestro.
EM: También has ejercido el periodismo. ¿Cómo dialoga la mirada del reportero con la mirada del poeta o del narrador?
ECC: Algo que me gusta de mi vida en la actualidad es que todos mis oficios se complementan, literariamente hablando. En este libro puedo afirmar que hay poesía, narrativa y hasta periodismo, porque intenté apegarme a la realidad de lo que vivo o viven mis colegas docentes, incluso ser crítico hacia el sistema o las instituciones en las que laboramos. Eso me gusta porque todo lo que escribo es un híbrido entre esos géneros literarios; lo aprecio porque creo que he encontrado mi voz, no importa lo que escriba.
EM: Si tuvieras que ubicar Elogio de la educación dentro del mapa completo de tu obra, ¿qué lugar ocuparía: es una desviación, una continuación natural o una síntesis de todo lo anterior?
ECC: Diría que es una continuación natural, ya que el último libro que publiqué fue un ensayo junto a un gran amigo académico. Con ese libro fue mi debut como investigador, y tenía ganas de hacer algo similar, por lo menos en la narrativa. Además, para esos años empecé a laborar en un colegio privado, así que mis reflexiones se fueron por ese ámbito. También, diría que fue un respiro, una distracción, para lo que viene.
EM: Después de este libro sobre la docencia, ¿hacia dónde se dirige su escritura: de vuelta a la poesía, hacia otro híbrido narrativo, o algo completamente distinto?
ECC: Regreso a la poesía. Pero lo que sí quiero señalar es que a partir de ahora estoy proyectando libros que intenten llevar la docencia a un nivel literario, me es difícil explicarme. Tengo la idea. Quiero escribir poesía para enseñar cosas a un público adolescente.
EM: ¿Qué te gustaría que un lector —quizá alguien que nunca ha leído tu poesía— encontrara al abrir este libro?
ECC: Un poeta que soñaba con enseñar. Ahora que tengo esa oportunidad, un docente que se preocupa por formar generaciones con pensamiento crítico. Además, un docente crítico ante lo que se vive dentro y fuera del aula y, por qué no decirlo, un cronista de la labor docente.