WILLNI DÁVALOS
LETANÍAS A LILITH
Me temo que en tus cicatrices hay sellos de hilo púrpura.
Los adoro porque soy incapaz de descifrarlos.
Pongo en tus dedos gotas de trigo amargo.
Estoy tocado por un antiguo mensajero
en su máscara de teseracto.
Me arranco los ojos ante el rayo
para beber tu telepatía.
Sobre espejos de silicio se abren las puertas del hospital,
en los que dibujaste grimorios, escarbas en la luz
la belleza que repudian los ángeles.
Te coronan de anillos y talismanes abiertos
a tus velos y túnicas bajo las cuales
tu carne se desarma hasta hacerse ruido.
Enmohecidos en la cima de una montaña herida de vetas
los indios derramamos nuestra sangre
para arrancarte un poco de labio y ofrecerte
hojas de coca y escupitajos de agua ardiente
para que nos protejas, madre de los cíclopes,
para que nos calmes, sacerdotisa del Sol negro,
para que nos lleves, mensajera del fuego hambriento,
y nos enseñes, maestra de las almas escondidas
en el bosque ataviado por la nieve y el escorpión.
Las moscas, cucarachas y roedores tememos tu respiración
cuando la marea tiembla y de tu cascada desborda la bilis
que corroe a los farsantes y nos enceguece a los ladrones
que abusamos de tu tiempo y voz de estalactita
mientras el futuro se decide desde tu vientre.
Hoy que el eclipse me lleva por el templo derruido
busco un poco de tu aurora entre tus hijas imantadas.
Las placas siempre inquietas de la cordillera besan el desierto
de los sacrificios regado con hierro y úrea.
La misión estaba hecha desde antes de tu última encarnación.
El imperio de los jaguares se hizo manteca para espadas.
Los oprimidos saqueamos todo cráneo en la pirámide de los sapos.
Rehicimos la tierra tal como ordenaron los reptiles sólo para adorarte
con la misma fascinación por cada una de tus sombras,
novia impoluta del becerro, esclava del cabrón en el trono,
deliciosa y rencorosa Lilith, guíame por el delirio hacia el ocaso.
EL DERECHO A LA REDENCIÓN
Cuánto quisiera abrazarte como a mi hijo.
Darte de comer mis manos y trenzar tu horizonte
con el puente de mis bigotes de cobre,
llevar en mis hombros el futuro de tus sandalias
para que puedas ver la montaña hecha una madre
abierta y clamorosa como aquella mañana de agosto.
Pero es aquí cuando digo, que he de escarbar el hoyo
que adornarán mis cenizas, cuando me toque
ver a mi padre contento como en mis sueños de niño.
Y es que, nos hemos aproximado tanto que me reconozco
en tus pasos, y te reconozco en mi risa
caminando por toda la cultura
hasta el valle en el que crecí
cerca al río al que canté
en los restos de los Pinos a los que trepé
y que ahora te admiran
y te siguen con ardor
mientras yo vivo en el exilio de amor
que siempre busqué.
Ha sido mi lucha, reconocer mi miseria
y trabajar para que mi tiempo tenga
una hora correcta para comer
otra hora flexible para dormir
y esos minutos preciosos en los que
aquel primate saca al árbol de mis vértebras.
Pero si sigo remando ese bote, cuándo me vas suplir
cuándo me invitarás de esa fruta
cuándo me cargarás como cuando yo era nadie
-quiero decir, cuando me empeñé en ser nadie-
y andaba abyecto y pastoso en mi desborde visceral.
Yo quiero que de la tierra crezca ese sueño.
Pero no digas que nunca hice nada por soñar.
Ni que nunca me corté las venas
para que no te quedes con sed.
Mi enfermedad, es algo que quiebro
y arrastrarte a la fisura
sería otra equivocación.
Quizás esta es mi manera estridente de decirte gracias.
Pero también la única forma que hallo en mi boca
para decirte adiós.
Adiós culpa, adiós pena, adiós estratagema…
Todos tenemos derecho a la redención.
BALADA DE LA PLUMA Y EL HUMO
En todas partes premio es el placer
y quien lo paga es la mujer
Norte y Sur, llano o volcán
Rico o plebe, galgo u orangután
buscando esposa siempre van
y adivinen quién ha de ser
En todas partes premio es el placer
y quien lo paga es la mujer
El humo en la montaña añora
la pluma de la flor paloma
y de un amor se respira aroma
pero nada puede permanecer
En todas partes premio es el placer
y quien lo paga es la mujer
Un roto y maltrecho corazón
es tripa de arreglos y canción
que resuena en toda la nación
pero ella nunca pudo florecer
En todas partes premio es el placer
y quien lo paga es la mujer