Fotografías: Karen Salazar
LUCIANA LOERA
Hay artistas que trabajan con el tiempo. La obra de Miguel Ángel Ortiz Bonilla parece pertenecer a esta estirpe. Frente a la selección reunida en Selección de taller 1990-2025, el espectador no sólo contempla una serie de pinturas, dibujos y grabados: recorre décadas de observación, de búsqueda y de diálogo con el paisaje como una forma de pensamiento.
A lo largo de más de tres décadas de trabajo, Ortiz Bonilla ha construido un universo visual donde la naturaleza deja de ser un simple escenario para convertirse en una presencia viva. Montañas, árboles, brotes, piedras y horizontes aparecen una y otra vez, transformados por la sensibilidad del artista en signos que hablan del tiempo, la memoria y la permanencia. Sus imágenes parecen surgir de una escucha atenta del territorio, de una voluntad por comprender aquello que permanece oculto bajo la superficie de las cosas.
La exposición permite advertir la coherencia de una trayectoria que no se ha conformado con representar el mundo visible, sino que ha intentado descifrar las fuerzas que lo sostienen. En sus piezas hay una constante reflexión sobre los ciclos naturales, sobre el crecimiento y la erosión, sobre la manera en que la materia conserva las huellas de lo vivido.
Los textos que acompañan la muestra amplían estas posibilidades de lectura desde distintas sensibilidades. Francisco Robles Gil propone una reflexión sobre el paisaje y su capacidad para revelar las relaciones entre cultura, territorio y experiencia humana. Su aproximación invita a mirar las obras más allá de la representación, entendiendo el paisaje como una construcción cargada de significados y memorias.
Por su parte, Víctor Máximo pone atención en los desplazamientos geográficos y simbólicos que atraviesan la producción de Ortiz Bonilla. Su lectura destaca el diálogo entre distintos territorios y la manera en que la experiencia del viaje y la observación del entorno alimentan una obra en permanente transformación.
La dimensión poética de la muestra encuentra eco en el texto de Gerardo del Río Acevedo, quien se aproxima al trabajo del artista desde una mirada profundamente contemplativa. Su escritura sugiere que los dibujos y pinturas funcionan como puertas hacia otras formas de percepción, donde la naturaleza, el tiempo y la imaginación convergen en una misma experiencia.
A estas voces se suma un testimonio afectuoso que recupera aspectos de la personalidad y la trayectoria del artista, recordándonos que detrás de la obra existe también una historia de amistades, encuentros y complicidades construidas a lo largo de los años. Esa presencia humana aporta cercanía a una exposición que, sin perder profundidad conceptual, conserva un fuerte vínculo con la experiencia cotidiana.
Lejos de ofrecer respuestas definitivas, el conjunto de obras y textos abre preguntas. ¿Qué significa habitar un paisaje? ¿Cómo se transforma nuestra relación con el territorio a través de la memoria? ¿De qué manera la contemplación puede convertirse en una forma de conocimiento?
Quizá ahí resida una de las mayores virtudes del trabajo de Miguel Ángel Ortiz Bonilla: en su capacidad para ralentizar la mirada. Sus piezas exigen tiempo, paciencia y disposición al asombro. Invitan a permanecer frente a ellas hasta descubrir que las formas más sencillas —una rama, una roca, una montaña distante— contienen historias que nunca terminan de revelarse por completo.
Selección de taller 1990-2025 es, en última instancia, el registro de una búsqueda persistente. Una búsqueda que encuentra en la materia, en el paisaje y en la memoria las herramientas para pensar nuestra relación con el mundo. Al salir de la exposición, queda la sensación de que aquello que observamos en los cuadros no estaba únicamente frente a nosotros: también estaba esperando, silenciosamente, dentro de nosotros mismos.
¿Dónde ver?
La exposición Selección de taller 1990-2025 de Miguel Ángel Ortiz Bonilla se presenta en las Salas Bóveda I y II del Centro Cultural Ciudadela del Arte, en la ciudad de Zacatecas. La muestra reúne una selección de pinturas, dibujos y grabados realizados a lo largo de 36 años de trayectoria.













