Nos recuerdo jóvenes en la facultad, en las fiestas universitarias, en el Taller Alicia. Nos recuerdo caminando por las calles de Aguascalientes una sola vez dejándonos sorprender por el mundo, acompañándonos desde entonces en nuestros proyectos literarios: íbamos a dejar un manuscrito para un concurso de la Universidad Autónoma. Recuerdo también los cigarros compartidos, las bisagras abiertas de la confidencia, aunque más bien Joselo siempre ha sido reservado con la mayoría de sus temas personales.
Ahora, varios años después de esos debates sobre Cortázar con una rica bebida preparada con alcohol y saborizante, celebro esta fiesta a la que también he sido invitada. En Invítame a tu fiesta, Mefisto, novedad editorial de Joselo G. Ramos, el horror se construye desde esa proximidad. El libro, integrado por tres cuentos —“El hombre sin piernas”, “Julieta la exorcizada” e “Invítame a tu fiesta, Mefisto”—, desplaza lo sobrenatural de los escenarios previsibles para instalarlo en espacios reconocibles, donde lo extraño irrumpe sin despojar a la realidad de su apariencia ordinaria. El miedo no siempre está a la vista; a veces permanece detrás de los acontecimientos, en aquello que los personajes y los lectores apenas alcanzan a intuir.
Pero ¿qué hace falta para invocar el horror? Quizá no mucho: una fiesta, un deseo que no encuentra salida o una historia contada a media voz. En Invítame a tu fiesta, Mefisto, Joselo G. Ramos lo sobrenatural se filtra en la vida cotidiana, sin necesidad de anunciar su llegada.
A propósito de esta novedad editorial, los poetas Rafael Salinas y Alberto Avendaño conversan con el autor sobre las criaturas que habitan sus páginas, los símbolos que sostienen sus historias y las influencias que atraviesan su escritura. El cine, la literatura y la música aparecen como puntos de encuentro para pensar el terror más allá de sus fórmulas conocidas.
En estos relatos, el miedo no depende únicamente de aquello que irrumpe desde lo inexplicable, sino también de lo que mueve a los personajes a buscarlo. Hay deseos, carencias y decisiones que abren la puerta a lo desconocido; hay fiestas que esconden algo más que celebración y situaciones ordinarias que, bajo otra luz, revelan su costado inquietante.
La conversación se adentra en ese territorio donde lo familiar comienza a volverse extraño y donde, a veces, el verdadero peligro no consiste en que el demonio aparezca, sino en que alguien decida llamarlo. No lo olviden, queridas lectoras y estimados lectores, juntos ¡incendiamos la cultura!
Karen Salazar Mar
Directora de El Mechero