ESAÚ RINCÓN ZAMORA
En un estado como Zacatecas, acostumbrado al rezago industrial, la idea de estimular proyectos para tratar de mitigar ese aspecto parece muy alejada de la realidad o mejor dicho, del centro de atención de quienes detentan el poder. Por increíble que parezca, las dinámicas de hace 80 años se siguen reproduciendo en la actualidad. Me refiero al desarrollo en el campo agrícola, ganadera y, desde luego, el talón de Aquiles: el industrial. Pues, aun cuando personas afines a esos dos primeros en mención hace mucho tiempo dejaron de formar parte de la élite que dirige a la entidad, en el discurso oficial sus ideas siguen vigentes, pero sólo ahí, muy poco en los hechos.
Por otro lado, los parques industriales que el propio gobierno destina para esa dimensión poco explorada, casi prohibida para una provincia, del campo de la tecnología, sólo llevan ese nombre y su función es otra completamente distinta. Lo que habla de la industrialización precaria en Zacatecas a la que se refiere el docente Juan Carlos Pino Acevedo. Actualmente, esos espacios se utilizan como almacén de productos Bimbo o, bien, para resguardar bienes que distribuyen compañías de servicios de paquetería como Fedex, Mercado Libre o Amazon. Lo que hace evidente su desaprovechamiento, por lo menos para el capital tecnológico que producen los centros de enseñanza superior cada año, porque desde luego que alguien se aprovecha de las rentas que genera ese suelo infrautilizado.
Hace un momento mencioné que las formas de producción que caracterizan a nuestro estado, muy poco o nada han variado con el devenir de los años, tanto así que puede sostenerse que desde la época colonial, a la fecha, permanecen iguales. De ese modo, el paradigma extractivista de recursos minerales, cuya inversión se concentra en manos extranjeras y que forma parte fundamental de los datos fuertes que el campo gubernamental, junto con el de las remesas (en extremo contradictorias) siguen siendo la materia por excelencia para referirse al desarrollo en Zacatecas. Sin embargo, la minería no logra aglutinar a todo ese capital tecnológico, además, sólo unos cuantos municipios se benefician de ésta, sin dejar de lado el hecho de que no se inserta en modo alguno a la economía local, como lo sostienen García Zamora y Manuel Padilla en Minería y extractivismo. La trampa del subdesarrollo en Zacatecas ( pp.63-65, 2019).
A decir verdad, el auge escandaloso de estos recursos en los últimos años no se aprovechó para la creación de redes locales que pudieran agregarle valor a lo extraído y, por el contrario, los esfuerzos gubernamentales estuvieron y están encaminados a permitir un mayor saqueo, sin que eso se traduzca en mayor provecho para jóvenes que cada año se gradúan de alguna carrera del campo de la tecnología.
Frente a ello, la iniciativa de la federación de apostarle al capital tecnológico mexicano, a través del camión eléctrico Taruk, claro que resulta muy alentadora e incluso demuestra las intenciones de ofrecer una alternativa más amigable hacia al medio ambiente, que históricamente se ha visto perjudicado por un modelo como el de la minería.
Así, una propuesta como ésa puede tomarse como referencia para replicarse en el ámbito local, de tal suerte que el capital tecnológico no se produzca en vano y se utilice en favor de las juventudes, que en el mayor de los casos queda a la deriva y disponible para la incertidumbre laboral que ofrecen plataformas digitales como Uber o, en el peor de los casos, a merced de la delincuencia organizada.