MARÍA DE LOS ÁNGELES MORENO PADILLA
En nuestro país, México, educar a niños, niñas y adolescentes en materia de derechos humanos abona en la promoción de su participación en la sociedad como agentes de transformación que deben ser protegidos e incluso convertirse en figuras defensoras de arbitrariedades en prácticas cotidianas.
Los derechos humanos son referidos al conjunto de prerrogativas alineadas a la dignidad humana, cuya efectividad resulta indispensable para el desarrollo integral de las personas; éstos se encuentran establecidos en el orden jurídico nacional y local, en la carta magna de los Estados Unidos Mexicanos y en tratados internacionales.
De acuerdo con la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas, los derechos humanos son inherentes a todos los seres humanos, sin distinción alguna de nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, religión, lengua o cualquier otra condición. Todas las personas tienen los mismos derechos humanos, sin discriminación alguna, a fin de además formar parte de un ideal de convivencia y realización humana cuya práctica hace posible el desarrollo de la persona.
De esta forma, surge en 2014 la Ley General de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, en los cuales la legislación comenzó a verles como sujetos y sujetas de derechos, estableciendo nociones como el interés superior la infancia, la no discriminación, la igualdad y la participación plena.
Resulta crucial educar en este sentido, a fin de garantizar el conocimiento y la protección de los siguientes derechos según la Comisión Nacional de los Derechos Humanos:
• Derecho de acceso a las tecnologías de la información y comunicación.
• Derechos de niños, niñas y adolescentes migrantes.
• Derecho a la seguridad jurídica.
• Derecho a la intimidad.
• Derecho de asociación y reunión.
• Derecho de participación.
• Derecho a la libertad de expresión y de acceso a la información.
• Derecho a la libertad de pensamiento, religión y cultura.
• Derecho al descanso y al esparcimiento.
• Derecho a la educación.
• Derecho a la inclusión de infancias y adolescencias con discapacidad.
• Derecho a la protección de salud y seguridad social.
• Derecho a la vida libre de violencia.
• Derecho a vivir en un sano desarrollo integral.
• Derecho a la no discriminación.
• Derecho a la igualdad sustantiva.
• Derecho a vivir en familia.
• Derecho a la identidad.
• Derecho de prioridad.
• Derecho a la vida, a la supervivencia al desarrollo.
En consecuencia, los derechos humanos expuestos con anterioridad giran en torno a principios que serán desglosados a continuación:
• Universalidad: Los derechos humanos benefician a todas las personas sin excepción.
• Indivisibilidad: Se basa en que la totalidad de los derechos son esenciales para la dignidad humana; abortando la perspectiva de consideración jerárquica de los mismos.
• Interdependencia: El ejercicio de un derecho depende del ejercicio de otros, así mismo la transgresión de uno de ellos puede afectar la realización de otros.
• Progresividad: Debe haber una mejora ante el desarrollo de estos.
Bajo este tenor, educar en los derechos humanos de las infancias y las adolescencias en el sistema educativo mexicano es fundamental para construir una sociedad más justa, democrática y respetuosa en la dignidad humana, ya que fortalece el desarrollo integral, la prevención de violencias, la participación ciudadana y la igualdad sustantiva en la cual niños, niñas y adolescentes se sumergen en la promoción de su propio bienestar, por lo cual se recomienda a las agencias educativas los siguientes elementos para fortalecer la educación bajo esta línea:
• Derechos humanos como base transversal del currículo educativo.
• Capacitación a docentes y figuras directivas a fin de evitar perpetuar el adultocentrismo.
• Garantizar infraestructura para la accesibilidad universal en las escuelas a fin de facilitar una participación plena.
• Puesta en marcha de campañas socio-comunitarias que promuevan la promoción y la protección en el cumplimiento de los derechos de niños, niñas y adolescentes.