Hay escritores que escriben desde el papel, desde la pantalla o desde la memoria; y hay escritores que escriben desde la ciudad que los habita. Sara Andrade pertenece a esta última estirpe: Zacatecas no es solo un escenario en sus libros, sino un cuerpo compartido, un territorio que se despliega entre sus manos y su mirada, entre los adoquines y la luz que se filtra por la Bufa. Su más reciente obra, Elogio de la escalera, es la cristalización de una obsesión que es tanto geográfica como personal: subir y bajar, contemplar y habitar, convertir el trayecto en símbolo, el gesto cotidiano en ensayo.
El libro se inserta en la colección de elogios de Taberna Libraria, un proyecto que busca celebrar y resignificar ideas, conceptos, espacios; un gesto renacentista en pleno siglo XXI. Andrade toma la ciudad como su musa y su espejo: cada escalón, cada rincón, cada bordes de piedra se vuelve metáfora de la escritura, de la memoria, de la vida misma. Leerla es aceptar que Zacatecas es más que patrimonio, que centro histórico, que cerros y plazas; es un espacio liminal, detenido en el tiempo, donde lo íntimo y lo colectivo se confunden.
Su escritura, reconocida por la precisión de la sintaxis y la libertad del ensayo, refleja también un camino de profesionalización que no se limita a la publicación formal. Andrade escribe porque debe escribir; escribe en internet, se autopublica, se lee a sí misma. Su disciplina no es un acto de vanidad, sino un compromiso con la escritura como oficio total: “soy escritora en todo momento”, dice. Esta frase podría ser un manifiesto: no hay horario, no hay límite, solo la constante posibilidad de crear.
Elogio de la escalera no es un libro de arquitectura ni una guía turística. Es un ensayo creativo, un recorrido simbólico que convierte la ciudad en narración, que transforma cada escalón en un concepto y cada recorrido en contemplación. La portada, diseñada especialmente para la obra, refleja esta unión: una figura femenina sobre la Bufa, la ciudad desplegada en perspectiva, la escalera que conduce y conecta. Es un gesto de colaboración, de complicidad artística que abre nuevas puertas para la edición local: los libros como objetos vivos, como espacios de creación conjunta.
La obra también plantea preguntas sobre el futuro de la escritura de Andrade: ¿ensayo, ficción, autobiografía? Cada proyecto se conecta con el anterior; cada obsesión se transforma en texto. La ciudad sigue siendo su brújula y su espejo, un espacio gótico y liminal, detenido en el tiempo, espectral y profundo. Leer a Sara Andrade es, en última instancia, aceptar la posibilidad de habitar Zacatecas desde dentro y desde afuera, de recorrer sus escaleras y bordes, de escribir y dejar que la escritura nos escriba a nosotros.
Elogio de la escalera es más que un libro: es un puente hacia futuras obsesiones, un manifiesto de escritura que celebra lo personal, lo local, lo universal. En cada línea late la ciudad, en cada salto de palabra resuena el eco de sus escalones. Andrade nos recuerda que escribir no es solo un acto de lenguaje, sino un acto de existencia: que cada palabra puede ser un trayecto, cada frase un umbral, y que, tal vez, ser escritora es, sobre todo, aprender a caminar entre escalones.
Editorial
El Mechero