ALONDRA CAMPOS
Que cada palabra aquí vertida
sea testimonio de la alegría y desgracia
que embarga a mi corazón
de un enamoramiento fugaz
pero intenso
tan breve y bello
como un copo de nieve
en el deshielo
I.
Voy a escribirte
Hasta desgastar tu nombre
Hasta olvidarte y olvidarme
Voy a escribirte
Hasta odiar la magnífica sonrisa
Que adorna tu rostro
Hasta matar el anhelo
De verme reflejada en tus pupilas
Voy a escribirte
Hasta acallar tu risa
Que me brinda calidez
En el alma
Voy a escribirte
Hasta suprimir el deseo
De tu toque
Sobre mi piel
Voy a escribirte
Hasta poder verte a la cara
Sin temor
A que tus ojos me destruyan
Hasta que mis dedos sangren
Y mi memoria no te recuerde
II.
Hoy te comencé a escribir
Para despedirme de ti
Al darme cuenta
Que nunca serás para mí
Hoy te comencé a escribir
Para enterrar aquellas sensaciones
Que causas en mí
Con cada amanecer
Hoy te comencé a escribir
Para matar toda ilusión
Que en mí brotó
Ante momentos de silencio y tensión
Hoy te comencé a escribir
Para darme cuenta
De lo idiota que soy
Y sí poder aliviar
A mí corazón
De esta enfermedad
Llamada “Amor”
III.
Ya llevas un par de líneas
Un par de párrafos
Un par de cuartillas
Y, aún así
Siento que no es suficiente
Para expresar
Este sentimiento
Semidulce
Semiamargo
Porque aún debato
Entre seguirte amando
O comenzar a odiarte
Quizá de esta última forma
Sea más fácil olvidarte
Pecado Celestial
Glorifico tu existencia
Cual fiel devota
Como si fueras el Arcángel
Con el que compartes nombre
Raziel, Raziel, Raziel…
Los Arcángeles conectan con la divinidad
Mentira
Tú conectas con mi alma
Me doblego ante ti
Y rindo tributo en completa devoción
A todo lo que significas tú
Perfección hecha hombre
Solo te faltan las alas
Aunque, estoy segura
Que sin ellas
Igual serías capaz de llevarme al mismo cielo
Deja de provocar infiernos en mí
Si sabes bien
Que perteneces a otro cielo
Cielo de tu engaño
Infierno de caricias