«Voy a dejar algo claro, ¿sabes? Detesto la idea de droga buena y droga mala. Las drogas no son buenas ni malas, son compuestos químicos que simplemente existen en el mundo, creados por nosotros o por la naturaleza. Y el problema es la relación que los humanos tienen con estas sustancias.»
—Midnight gospell
PERLA YANET ROSALES MEDINA
En México, hablar de drogas casi siempre implica hablar de miedo, castigo y estigmas. Pero rara vez hablamos de educación, salud o desigualdad.
Parte de la prevención contra el consumo de drogas en nuestro país se basa en el miedo. La información que recibimos respecto al consumo de drogas siempre resulta ser dura y cruda, perdiendo de vista una concientización individual y social del verdadero impacto del consumo, la producción y la distribución de estas sustancias.
Prueba de la falta de educación en torno a la problemática de las drogas es la estigmatización que existe no solo en México, sino en todo el mundo, donde la población más vulnerable presenta fuertes problemas de drogadicción. En lugar de convertirse en un foco rojo que active la atención de los sistemas de salud y seguridad social, se forma un pensamiento colectivo en torno a estos grupos, responsabilizándolos del problema y desviando la mirada de la verdadera responsabilidad del Estado: brindar seguridad pública a todos sus ciudadanos.
Es un fenómeno global que afecta no solo a las víctimas, sino que también genera problemas de seguridad nacional. En nuestro país se han formado redes de producción que compiten de manera violenta por un mercado que, a estas alturas, ya no solo encuentra su poder en la producción y venta de drogas. Estas redes ahora forman parte de nuestra sociedad desde diferentes puntos, llegando a acaparar mercados financieros que nada tienen que ver con sustancias ilegales. Por mencionar algunos ejemplos: el cobro de plaza a negocios locales o el robo a plantaciones de aguacate. Esta ola de violencia social es parte de las problemáticas que vive una sociedad desinformada y que tiene como modelo educativo un sistema punitivo.
Como he dicho, el consumo de drogas no es un hecho aislado que solo afecta a individuos: es un problema que se entraña en toda la sociedad, marcando incluso nuestra forma colectiva de responder ante él. Y es que algo tan complejo, que ha superado todas las estructuras sociales del país, no es algo que ninguna comunidad quiera enfrentar directamente. Sin embargo, existen acciones individuales —desde quienes educan, crían y acompañan— que sí pueden desentrañar una parte del problema: la creencia de que un castigo va a prevenir una vida de violencia.
