“Digamos solamente que no debemos obrar como si la mitad de la población no estuviera amenazada de muerte, porque entonces lo estará.”
RODOLFO VALENZUELA
La Peste de Albert Camus fue una obra que para algunos llegó a ser un refugio y para otros un calvario durante la pandemia de COVID-19, ya que era un recordatorio de la vida que se vivía durante la incertidumbre de las medidas de aislamiento que, al menos en México, iniciaron para no regresar en la totalidad a “la normalidad” del mexicano.
En el texto, Camus hace referencia desde la perspectiva de varios ciudadanos de Oran, como la invasión brutal de la enfermedad tuvo como primer efecto el obligar a los conciudadanos a actuar como si no tuvieran sentimientos individuales; poniendo ejemplos como el de cortar comunicación entre seres queridos que se encontraban fuera de la ciudad, para evitar contagios por contacto o mediante cartas, ya que no conocían la totalidad de los medios de transmisión de la enfermedad.
Durante la pandemia y en la vida diaria, un hombre muerto sólo tiene peso cuando las vidas no fueron paralelas, sino tangentes o totalmente involucradas en más de una ocasión; cien millones de cadáveres, sembrados a través de la historia, no son mas que humo en la imaginación. Ahora, de pie en un hospital, con caras conocidas, apellidos que reconoces o voces con las que empatizas, ser y haber sido personal de salud presento no solamente un reto físico, sino también psicológico, ya que la resiliencia con la que se debe escuchar los últimos esfuerzos que sabes que no llegan a nada, deben ser con compasión, pero la velocidad con la que los pacientes morían, hacía indigno el viaje. Se les fueron arrebatadas las oportunidades de morir cerca de quien fuese más adelante a recordarlos.
Es por esto, que, en La Peste, el Dr. Rieux toma la responsabilidad de escribir y redactar testimonios a favor de “Los apestados”, “Los infectados”, para dejar por lo menos un recuerdo de la injusticia y dejar el mensaje Que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio.
También, como cronista, nuestro narrador nos recuerda que la peste o las enfermedades no pausan cuando cede el número de casos activos ni tampoco con menos defunciones, sino que se esconde entre muebles, ropa, bodegas y demás, para un día volver a dejar ratas muertas en algún sitio que perpetue su crecimiento y desarrollo.