ENRIQUE GARRIDO
La pregunta qué más puede desestabilizar a cualquiera, más allá de qué es el ser o la nada, es la relacionada con el tamaño. ¿De qué? De cualquier cosa, una parte del cuerpo, salario, casa, auto, cartera. No sé si sea que el falocentrismo siga teniendo presencia en el inconsciente colectivo, o el falogocentrismo de Derrida que señalaba la unión entre la primacía del logos y la centralidad simbólica del falo en la tradición occidental, pero aún hoy existe quien exagera las proporciones para mostrar poder, para equilibrar algo que creen que les hace falta.
Y esta dinámica se da incluso con los jefes de estado, como cuando Trump presenta mapas alterados o pide cambiar el nombre del Golfo de México a Golfo de América, o el Estrecho de Ormuz por el Estrecho de Trump (jejejeje, sí, me río porque tengo 13 años mentalmente). ¿Esto es reciente? Pues no, muchos países exageran su tamaño desde 1569, cuando Gerardus Mercator dibujó el primer mapamundi para facilitar la navegación marítima. Sí, el mismo detrás de los colores Mapita que llevábamos a la primaria, sino los de una bruja cuando eran los Blanca Nieves, o el que comprábamos en blanco y negro para iluminar e ir aprendiendo a trazar líneas y delimitar fronteras. Y así crecimos, pensando que el mundo se podía representar en una hoja. Pero en últimas fechas tomó fuerza el proyecto Equal Earth, el cual busca darle al mundo sus dimensiones justas.
Asimismo, en 2026, la ONU aprobó una resolución para sustituir el mapamundi tradicional por uno que represente con mayor precisión el tamaño real de África, apoyada por 164 países y promovida por la Unión Africana, como parte de la campaña Correct The Map. Resulta que el mapa Mercator es acusado, entre otras cosas, de ser eurocéntrico porque agranda Europa y Norteamérica frente a África y Sudamérica en lo que han denominado como colonialismo cartográfico, ya que distorsiona el tamaño relativo de los continentes, lo que puede influir en percepciones culturales y políticas.
Dentro de sus inexactitudes destacan el hacer a África más pequeña, pues su territorio es de unos 30 millones de km², sin embargo, en los mapas parece casi del tamaño de Groenlandia, que apenas supera los 2,1 millones de km². Lo mismo sucede con India, Sudeste Asiático, Indonesia y Brasil, este último es cinco veces más grande que Alaska, aunque en el mapa parezcan similares.
Toda exageración, u optimismo desbordado, manda un mensaje, y en el caso de esta distorsión, que no es sólo técnica sino también simbólica, ha influido durante siglos en la percepción global del continente y en su importancia geopolítica. Pese a la mencionada resolución, tampoco obliga a los Estados a adoptar un nuevo mapa, pero reconoce oficialmente que la representación tradicional infravalora el tamaño real de varios países y el continente africano.
La próxima vez que alguien pregunte quién lo tiene más grande, debemos recordar que incluso los mapas se equivocan, y que, como diría Ibargüengoitia, no hay que confundir lo grandote con lo grandioso. Groenlandia no necesita parecer enorme para ser Groenlandia, ni África necesita que le devuelvan los kilómetros cuadrados que siempre tuvo. Y por favor, no exageren sus tamaños, ya que no importan las dimensiones, sino lo que algunos llevan siglos intentando compensar.
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