En 2006, Othoniel González comenzó a viajar a la Sierra Wixárika. Desde entonces, la cámara lo ha acompañado en un recorrido que se ha extendido durante dos décadas y que terminó por convertir aquellos primeros acercamientos en un trabajo fotográfico sostenido, marcado por la convivencia y la observación.
Su interés por la cultura wixárika no se quedó en una visita ni en una serie de fotografías aisladas. Con el paso de los años, Otho fue construyendo un archivo de rituales, ceremonias, peregrinaciones, vida cotidiana y paisajes de la sierra, particularmente de la comunidad de San Andrés Comiata y de Las Guayabas. El resultado es también el registro de una relación que se fue transformando con el tiempo: la del fotógrafo frente a un territorio al que ha regresado una y otra vez.
Una parte importante de ese recorrido está relacionada con la Jikuri Neixa, la fiesta del peyote. Las imágenes que ahora se presentan en el Museo Zacatecano provienen de ese universo ceremonial y de los años que Otho ha dedicado a acercarse a sus formas, sus tiempos y sus protagonistas.
Pero el territorio que ha fotografiado tampoco permanece inmóvil. Las comunidades wixaritari enfrentan transformaciones que atraviesan su vida cotidiana y ponen en tensión algunas de sus prácticas y formas de organización. La llegada de la modernidad convive con una realidad cada vez más compleja, mientras la violencia alcanza espacios que durante mucho tiempo habían permanecido al margen de ella.
Otho habla desde ese lugar incómodo en el que la fotografía deja de ser solamente una forma de registrar y comienza a involucrar al propio fotógrafo. Su experiencia en la sierra le ha permitido acercarse a ceremonias y costumbres que, al mismo tiempo, reconoce como un territorio todavía difícil de abarcar por completo.
Después de veinte años, las fotografías funcionan como una bitácora de ese acercamiento. No buscan agotar la mirada sobre la cultura wixárika, sino dejar constancia de algunos de sus momentos, de aquello que Otho ha podido observar y de las preguntas que permanecen abiertas.
En esta conversación, el fotógrafo habla sobre ese largo vínculo con la sierra, sobre las imágenes que ha reunido durante estos años y sobre una cultura que, a fuerza de ser mirada desde afuera, también obliga a preguntarse desde dónde se mira. No lo olviden, queridas lectoras y estimados lectores, juntos ¡incendiamos la cultura!
Karen Salazar Mar
Directora de El Mechero