ENRIQUE GARRIDO
Cuando era adolescente (de cierta forma, mentalmente todavía lo soy), la manera de referirse a la autoestimulación era “la chaqueta”. Nunca entendí bien la relación, pero era un término que determinaba gran parte de las primeras conversaciones entorno a la sexualidad sin aludir al término “masturbación”, que es un tanto brusco. A partir de este eufemismo se desarrollaba todo un campo semántico: “chaquetero” para referirse a alguien que lo practicaba seguido, o “chaquetita y a dormir”, remedio para insomnes, entre otras variantes. Él que más recuerdo, y que he escuchado mucho en el ambiente de la escritura, es: “chaquetas mentales” para referir al acto de imaginar escenarios fantasiosos sin una base sólida, vamos, un ejercicio de ficción bastante exagerado, una desconexión completa de la realidad.
La sexualidad ha sido un tema complejo de abordar, pues se ha reducido a mera mecánica corporal, a un sistema de rendimiento y capacidad de resistencia; sin dejar de lado la instrumentalización de la pareja como objeto sexual que la pornografía ha promovido por décadas. La profunda conexión que se establece en un encuentro erótico, la sincronía de dos cuerpos, la comunión de dos almas ha quedado fuera de la conversación. Como decía Bataille, “la acción del erotismo consiste en disolver las formas constituidas”. Vuelve a poner en cuestión “el ser de los participantes tanto como la muerte”, pues al desnudarse y entregarse al otro, la identidad personal se disuelve, permitiendo una comunión profunda que imita la totalidad del universo.
En la era de la conectividad de internet, dos estudios han llamado mi atención. De acuerdo con Mattha Busby, para WIRED en Español, la empresa Joi AI pagó $2,000 dólares a cada uno de 10 participantes para registrar durante 28 días sus experiencias de masturbación usando acompañantes de IA dos veces por semana, sólo seis terminaron. De los resultados, sobresale que a partir de 134 registros, hubo una reducción autoinformada del estrés del 25%, aumento de concentración del 17% y disminución del 44% en antojos como nicotina, alcohol, comida basura y doomscrolling, relacionado a la masturbación, no al uso de la IA. Sin embargo, como señala la investigadora Chloé Locatelli, existe un riesgo de que se conviertan en una “muleta” y plantea la pregunta de si podrían terminar sustituyendo, más que facilitando, las relaciones humanas.
Por otro lado, la plataforma México Pragmático señala que en una encuesta de febrero de 2026 entre 100 mil universitarios estadounidenses, encontró que 35% usó el celular durante un encuentro sexual, incluso para responder mensajes. El fenómeno conocido como phubbing, ignorar a la persona presente para mirar el celular, apunta que las parejas se sintieron con menor percepción de afecto y satisfacción en la relación, cuestionando que las notificaciones, la disponibilidad permanente y tener el teléfono junto a la cama han convertido al celular en una interrupción casi automática, incluso durante la intimidad. Además, otra encuesta posterior de RiseGuide reportó que 39% de la Gen Z y 38% de millennials dijeron que a veces eligen redes sociales por encima del sexo.
Estos datos responden a las dinámicas contemporáneas, donde la virtualidad ocupa cada vez más espacio en nuestras relaciones interpersonales. La activista y poeta Audre Lorde dijo que “el compartir la alegría, ya sea física, emocional, psíquica o intelectual, establece un puente entre quienes la comparten, un puente que puede ser la base para entender mucho de lo que no se comparte”, aludiendo que la conexión erótica no es un acto de posesión ni de sólo satisfacción, más bien un puente de entendimiento mutuo que valida la existencia del otro a un nivel espiritual. Así, la paradoja moderna de creer estar más conectados por habitar la aldea global no es otra cosa que una chaqueta mental, o digital, un paliativo para un mundo que apuesta por la simpleza de las relaciones sin compromiso, sin complejidad, pues si el porno nos decía que las personas son meros juguetes sexuales, ahora podrían ser avatars. Por ello, los exhorto que a la mitad de su encuentro erótico compartan esta columna, para que su pareja sepa que quieren conexiones reales y no de banda ancha.
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