Hay libros que nos acompañan en momentos muy precisos de la vida. Otros van y regresan, y nos encuentran distintos. Algunos nos conectan con otras personas porque es casi un milagro compartir una lectura. Hay libros que nos recomiendan personas: cuando vemos a alguien muy concentrado bailando los ojos de izquierda a derecha una y otra vez. Debo aceptar que tengo una particular afición por buscar la portada de los libros cuando eso pasa, una clara desventaja de la lectura virtual, y entonces me emocionó cuando un título o un autor que reconozco me saluda desde la otra mesa de una cafetería o en medio de los bochornosos ires y venires en el transporte público, y yo sonrío como si dijera “qué gusto reconocerte, Milan Kundera”, “no esperaba encontrarte hoy, Piedad Bonett” u “ojalá vuelva a leerte pronto, Fernando Pessoa”.
Para quienes pertenecemos sin saberlo a este pequeño club es un placer encontrar a otros lectores para al fin poder hablar de esas impresiones que nos causan las lecturas: éxtasis literarios, acompañados de retención de respiración, dolor en el estómago, lágrimas acumuladas y punzadas en el pecho, de excitación y amor correspondido. Por eso hoy celebro que se realicen seminarios en torno a autoras que nos han acompañado en estas calles zacatecanas desde que somos unos infantes, que regresemos a Amparo Dávila y que se le reconozca como una profeta en su propia tierra.
La Cátedra Amparo Dávila de Literatura Fantástica, integrado por mujeres investigadoras muy talentosas y apasionadas, realizó hace apenas un par de semanas el seminario “Amparo Dávila: alquimia y transmutación del universo fantástico literario”, en el que se reunieron investigadores nobeles y con trayectoria a hablar y escuchar sobre esta alquimista de la palabra: su vida, narrativa y poesía fueron el pretexto ideal para que sintiéramos el llamado de nuestro clan.
Así fue durante la presentación de la obra Amparo Dávila en su proceso de recepción, de la investigadora Carmen Dolores Carrillo Juárez, quien ofrece un mapa imprescindible para entender cómo la literatura de la autora zacatecana pasó de los márgenes del canon a convertirse en un pilar del género fantástico en español.
El texto nos recuerda que leer a Dávila es asomarse a un pozo de aguas quietas, pero profundas. Esta obra es, en esencia, un puente tendido hacia esa huésped que siempre ha estado ahí, aguardando a que finalmente abran la puerta.
Este libro es un tributo necesario a la mujer que hizo del miedo una forma de alta poesía y de la incertidumbre su hogar más fiel; nos conduce por un laberinto donde la grieta está en lo cotidiano; descifra cómo la narrativa daviliana habita ese umbral donde el silencio pesa y las sombras tienen nombre propio.
El tránsito de Amparito Dávila nos lleva de ser una joya oculta en los márgenes a convertirse en el centro de un incendio literario que hoy inicia con una llamarada y es por esto que desde El Mechero celebramos el inicio del fuego y les recordamos que ¡juntos incendiamos la cultura!
Karen Salazar Mar
Directora de El Mechero