Fotografía: Cortesía
JAZRAEL GARCÍA
Patricia Mata, Enrique Carlos, Fabricio Gutiérrez, Christian Peña y Laura Solórzano son algunas de las plumas que firman las publicaciones de la editorial independiente Sombrario. De entre ellos, el autor con cuya obra me encontraba familiarizado antes de conocer esta labor editorial era Peña: por consejo de otros lectores había disfrutado varios de sus poemarios, por lo que fue una grata sorpresa encontrar uno nuevo de él en la colección Cuadernos de humo. Respecto a los demás, que también cuentan con trayectoria en las letras, la posibilidad de conocerles en dicha colección representó para mí, en la amena brevedad de páginas, una digna carta de presentación que ha despertado mi curiosidad por los autores y un deseo de profundizar en el resto de su producción. Pero más allá de ser una mera introducción a los poetas con el pie derecho, se trata asimismo de una atractiva serie de obras que, en su potencia literaria, se imponen por derecho propio. Para resumir, en Cuadernos de humo encontramos publicaciones sólidas tanto en la calidad de los poemas como por el de la factura editorial, la cual aúna limpieza en los textos, una pulcra presentación visual y una materialidad que resulta agradable al tacto.
En cuanto al criterio para la selección de los poetas, vemos que revela distintas tendencias temáticas. Así, se extiende desde aquella inmersión lúcida y reposada en la muerte de un ser amado que realiza Patricia Mata en Un moño negro en la casa de Julián, hasta este acercamiento luminoso a la naturaleza, con elementos oníricos que recuerdan a las reflexiones de algunos autores de la filosofía oriental en Un pequeño zorro envuelto por el rocío de la mañana de Fabricio Gutiérrez. Personalmente, mis debilidades hacia el cine negro y la seducción que sus figuras sombrías ejercen sobre mí, me hicieron releer varias veces Sociedad secreta de Enrique Carlos, que hace referencia a aquellas producciones mientras deleita por lo sugerente de sus imágenes fugaces.
La colección Cuadernos de humo se compone de voces múltiples y valiosas, cual muestrario de platillos listos para ser degustados por las exigencias de cada paladar. La labor que empieza en 2017 y sigue llevando a cabo Sombrario desde Guadalajara se contextualiza dentro de una larguísima tradición de publicaciones independientes que en nuestro país ha constituido un medio con muchas ventajas para la difusión de la palabra literaria, en su modalidad versificada o en prosa. Desde hace décadas, editoriales independientes, así como instituciones de cultura, universidades, etc., vienen sirviéndose de cuadernillos o plaquettes, para la difusión de la obra de autores, noveles o reconocidos. Como ejemplo icónico de ya hace más de medio siglo, podemos mencionar Los presentes: series de cuadernos y de pequeños libros que Juan José Arreola editó, y con los que daba a conocer la obra de autores que ahora ya forman parte consagrada de nuestra historia literaria. La forma de transmisión de estos cuadernillos la más de las veces se llevaba a cabo de mano en mano, por los propios escritores y editores, y desde entonces han cumplido su función: generar círculos donde lectores puedan compartir sus experiencias en torno a la literatura y los distintos modos de concebir la realidad que esta genera.
Si tradicionalmente, como he dicho, estos cuadernillos solían difundirse principalmente de persona a persona y por lo general a una escala reducida y con tirajes que generalmente no pasan de lo quinientos ejemplares, ya en la era digital contamos con medios que sobrepasan la hoja impresa y permiten enriquecer las colaboraciones entre literatos a la hora de publicar sus textos. En este sentido, al lado del llamativo acabado impreso de la colección que presentamos en Zacatecas, me gustaría mencionar la también cuidada labor en medios digitales, principalmente en su página web, que en Sombrario utilizan para complementar el aspecto impreso de la obra. Y así resalto lo práctico que resulta que el catálogo de plaquettes se pueda consultar en línea, así como obtener información de los poetas que se han publicado en la editorial, nacionales e internacionales.
La meta de esfuerzos como este, de más está decirlo, se cumple. Es propiciar espacios para discutir lecturas, círculos donde personas de diversas procedencias puedan acercarse unas con otras, conocerse y compartir sus propias experiencias en el terreno poético. Reunidos aquí somos prueba de esa convivencia y de esos entornos que, década tras década, han ido encontrando maneras de que la literatura pueda seguir en boca de las personas y, con los múltiples medios que se encuentren en el futuro, continuarán haciéndolo.