Fotografías: Cortesía
Soy Enrique Carlos, poeta de Guadalajara y director de Sombrario Ediciones, una editorial independiente y artesanal especializada en plaquettes de poesía. La editorial tiene ocho años de vida. Además hago un poco de arte visual y tuve una banda, pero ahora estoy centrado en mi trabajo como poeta y editor.
EL MECHERO: ¿De dónde surge la necesidad de crear una editorial enfocada en plaquettes?
ENRIQUE CARLOS: Desde siempre me ha encantado este formato. Y además, mi obra tiende naturalmente a la brevedad: escribo poemarios breves, lo que muchas veces se entiende como plaquettes. Desde mi primer libro topé con el problema de que las editoriales buscan cierto número de cuartillas por su propia lógica. Para concursar premios también es complicado, y así me pasó varias veces: mis libros esperaron mucho tiempo a que existiera una convocatoria o una editorial que asumiera ese “riesgo”.
A veces había que hacer trucos para que el libro tuviera lomo, encajar en cierta idea de libro. Y yo pensaba: si yo puedo hacer una obra y me encanta el formato, si además ya tenía formación en arte y experiencia en la parte artesanal, ¿por qué no asumir ese rol? Podía tratar la plaquette con dignidad, con diseño, con una propuesta real.
Creo incluso que el formato breve es más natural para la poesía que el libro tradicional. Pienso que se nos impuso el estándar del libro largo y hemos ido moldeando el canon a partir de eso. Pero si desde el inicio hubiéramos dicho “35 cuartillas”, estaríamos escribiendo así. El flujo natural de la poesía tiende a la brevedad, a un concepto cerrado.
EL MECHERO: ¿Cuáles dirías que son las principales ventajas de publicar poesía en este formato?
ENRIQUE CARLOS: Creativamente, no tienes que estirar un discurso ni rellenar un libro ni forzar secciones que no conviven. Puedes quedarte con el centro del libro, con el “libro dentro del libro”, como decía Raúl Bañuelos con el poema dentro del poema.
Económicamente también tiene muchas bondades: los precios de producción de libros se disparan y, en un medio como la poesía, es más viable trabajar así. También permite velocidad: entre un libro y otro suele pasar mucho tiempo porque el editor necesita apoyos o tiene procesos largos. Con las plaquettes, en cambio, puedes ver tu libro pronto. No es cuestión de prisa, sino de mantener vivo el proceso creativo. Hay autores que llegan a la presentación del libro y ya no los representa; aquí se puede avanzar más rápido sin sacrificar cuidado.
EL MECHERO: ¿Y qué hay de los retos de sostener una editorial así?
ENRIQUE CARLOS: Por un lado ha sido sencillo, porque responde a mis tiempos y a mis gustos. Y aunque podría parecer que es difícil económicamente, no lo es tanto. Si esperáramos que se moviera como una editorial grande —mandar a librerías, esperar que la gente pregunte por títulos— sería inviable. Pero como los costos son bajos y el formato se vende bien en presentaciones, se sostiene.
El verdadero reto ha sido la percepción: existe una idea de que la plaquette es un formato menor, un “libro menor” y por lo tanto de un “autor menor”. Como no tienen ISBN, algunos las ven casi como autopublicaciones. No tengo ningún problema con la autopublicación, pero sí hay un prejuicio. Poco a poco el catálogo, con autores de peso y trabajo consistente, ha ido contrarrestando esa idea. Aun así, aún hoy hay lugares donde no entras por usar este formato. En Guadalajara la percepción sí ha cambiado mucho: cada vez más autores piensan en una plaquette como algo posible e incluso deseable.
EL MECHERO: ¿Cómo percibe el público lector este formato?
ENRIQUE CARLOS: Es un formato muy amable. Eso es una gran bondad: no abruma, se lee sin miedo. No hablo de facilidad del contenido, sino del vehículo. Para lectores especializados y para quienes se acercan por primera vez a la poesía funciona muy bien. En librerías tal vez no se mueva tanto, pero en presentaciones sí, y en bazares incluso más. En escuelas funciona de maravilla. Si hay resistencia, suele venir del gremio editorial o de autores que buscan un libro avalado por instituciones. Pero los lectores, en general, lo reciben muy bien.
EL MECHERO: Háblanos de tu catálogo y de lo que viene.
ENRIQUE CARLOS: El catálogo ronda ya los veinte títulos. No paramos, pero respetamos los tiempos de cada libro, sobre todo porque son procesos artesanales. Trabajo los textos con cada autor; algunos necesitan más tiempo, otros menos, pero a todos se les dedica meses. Luego viene el diseño y la parte visual. Y después la producción: yo mismo, junto al reducido equipo que conformamos la editorial, imprimimos, doblamos y serigrafiamos los forros. Llevan su tiempo. Por eso sacamos tres o cuatro títulos al año.
La construcción del catálogo ha sido orgánica, pero con una visión clara: que convivan primeras publicaciones con autores consolidados. La primera autora que publicamos, Mónica Licea, debutó con nosotros. Pero también hemos publicado a poetas como Julio César Galán, Cristian Peña o Fabricio Gutiérrez, además de voces queridas en Guadalajara como Laura Solórzano. También tenemos traducciones de autores importantes de Quebec. Nos gusta que exista esa mezcla: jóvenes que publican por primera vez y autores con trayectoria.
EL MECHERO: ¿Dónde se pueden conseguir las plaquettes?
ENRIQUE CARLOS: No somos tan digitales, porque apostamos por el objeto. Tenemos Facebook (Sombrarario Ediciones) e Instagram —que no tiene fotos todavía, pero sí respondemos— y planeamos activarlo pronto. En historias sí compartimos eventos. La página web es sombrarario.com; ahí está todo el catálogo. No hacemos reediciones: numeramos cada tiraje a mano. Cuando un título se agota, lo liberamos en digital para que pueda seguir leyéndose.
En físico sólo estamos en Guadalajara, sobre todo en la librería Impronta, que además hace envíos. También hay una librería digital, Literal, donde está nuestro catálogo y realizan envíos a todo México.







