(Breve crónica personal de la violencia en internet)
ENRIQUE GARRIDO
Por allá del 2001, el mundo apenas se abría al nuevo milenio, habíamos superado el miedo del Y2K, donde, por primera vez, la dependencia a las máquinas podría significar un colapso global. La simultaneidad del horror llegó el 11 de septiembre dando la bienvenida a una nueva era, pues se trató del primer acontecimiento con una cobertura a gran escala. Por horas fue televisado y, por si fuera poco, el segundo ataque fue transmitido en directo. Por un momento vimos a la potencia mundial EUA en su fragilidad, aunque hoy en día no ha podido contradecirse la teoría del ataque de “falsa bandera”.
En aquel tiempo, la mejor manera de enterarse de la música era la radio, en mi caso era Radioactivo 98.5. Allí me tocó descubrir varios de los artistas que me acompañarían hasta la fecha, por mencionar algunos: System of a Down, The Strokes, Tool, Garbage, Gorillaz, Daft Punk y un largo etcétera. También fue en esa, hoy de culto, estación que escuché por primera vez del mítico video filtrado de 1 Night in Paris. Se trataba de un video pornográfico protagonizado por la naciente celebrité París Hilton y al parecer difundido por su entonces pareja. Hoy en día ese metraje se puede encontrar en cualquier sitio XXX, pero en ese momento sólo podían verlo los privilegiados con acceso a bluetooth en los primeros celulares con la posibilidad de video.
Aunque la calidad era mala respecto de los estándares actuales, sirvió como ejemplo para los primeros fenómenos virales. Imagínense qué tanto tardaban que el metraje de Paris Hilton se filmó en 2001, pero se difundió a gran escala hasta 2003. Por esas fechas, en el Tianguis Cultural del Chopo, en una de las bodegas de películas, conseguí la cinta Videodrome de David Cronenberg, la cual aludía al mito del cine snuff, y que decían que, si tenías suerte, podías encontrar alguna. Era muy cobarde para buscarlas y lo más cerca que estuve de esas cintas fue la saga Guinea Pig y la película Men Behind the Sun, que ya de por sí me costó terminar.
En la juventud de internet empezaron a surgir sitios como Rotten y las páginas porno, pero el nivel de la violencia se mantenía bajo una espesa neblina, con versiones de quienes se supone los habían visto, verdaderos relatos corales nutridos por el grado de imaginación que se les podía imprimir sin el referente real para contrastarlo. Así surgían historia y creepypastas sobre lo que se podía encontrar. Después de ver mi copia pirata de Videodrome, la pregunta que surgía era: “¿Hasta dónde llegaría la violencia y el sexo como espectáculo?”. Cronenberg ya lo planteaba un poco en su cinta, con un hipnótico ataque televisado.
Hagamos un salto temporal. El pasado 4 de agosto de 2026, el creador de contenido Perez Hilton, desde su casa en Miami, transmitió en la plataforma TikTok un episodio psicótico, pues se le veía completamente cubierto de sangre y autolesionándose. Lo escalofriante, que de por sí el video lo es, fue el hecho de que pese a ser algo que hace 25 años era impensable, hoy su viralidad resulta esperable. En psicología se habla del efecto Espectador Digital (Bystander Effect), donde la normalización disminuye radicalmente la probabilidad de que un usuario denuncie el contenido o intente intervenir en crisis de terceros. El sufrimiento ajeno se convierte en un evento pasivo donde se prefiere grabar, comentar o compartir antes que auxiliar.
Acá algunos datos perturbadores y recientes: De acuerdo con estudios globales recopilados por la Youth Endowment Fund (YEF), el 70% de los jóvenes de entre 13 y 17 años se topa de forma involuntaria con contenido violento explícito del mundo real en su navegación diaria en internet, y esa misma investigación menciona que el 25% de todo el contenido violento que consumen los menores no es buscado por ellos, sino empujado y recomendado directamente por los sistemas de distribución de las plataformas. En el caso de México, un estudio de la UNAM señala que la falta de restricciones eficaces expone a más de 20 millones de internautas jóvenes a dinámicas hostiles, donde ejecuciones o autolesiones acumulan millones de interacciones antes de ser moderadas.
El título de esta crónica resulta más incómodo de lo que parece: Paris Hilton y Perez Hilton, dos nombres unidos por una coincidencia y por la historia de cómo internet aprendió a mirar. Veinticinco años de diferencia, de tecnología, de una transformación siniestra. El horror se transmite en directo, simultanea y masivamente. La violencia no desapareció de nuestras pantallas, sólo dejó de sorprendernos y el problema ya no es hasta dónde llegará, más bien hasta dónde tendremos que llegar nosotros para que vuelva a parecernos insoportable.
Contacto: quiqueescritor@gmail.com
Facebook: @Enrique Ricardo GarridoJimenez
Instagram: kike_garrido89
X: @henrykowsky