Entrevista a Gibrán Alvarado y Alejandra Flores
Fotografías: Cortesía
Jesús Gibrán Alvarado Torres:
Docente de nivel medio superior, editor, corrector y maquetador. En esta edición desempeñé una labor integral: desde la coordinación editorial hasta los procesos técnicos del libro.
Alejandra Flores Casas:
Docente de nivel medio superior, coordinadora y correctora de la antología. Acompañé el proceso de escritura y edición de los textos.
EL MECHERO: ¿Cómo nace A través del espejo y en qué momento sintieron que era necesario reunir estas voces en una antología?
Habíamos trabajado previamente con todas las autoras: fueron nuestras alumnas en secundaria y preparatoria. Varias de ellas nos pidieron acompañamiento para presentar cuentos en concursos escolares y externos, y algunas ya habían publicado en espacios como Barca de Palabras y el suplemento cultural del periódico NTR. Les dimos seguimiento durante años, tallereamos con ellas y, al notar que continuaban escribiendo con constancia, consideramos que valía la pena reunirlas en una antología. La idea surgió de manera natural, como una extensión del trabajo colectivo que ya existía.
EL MECHERO: ¿De dónde surge el título? ¿Hay alguna influencia de otras antologías?
El título surge a partir del relato “Espejos”, de Valeria Casillas, y del reconocimiento de juegos de duplicidad presentes en varios textos. Nos interesó la idea del salto entre mundos, de un lado a otro, inevitablemente pensando en Alicia a través del espejo. No hubo una influencia directa de otras antologías; el objetivo principal era reunirnos, trabajar, divertirnos y ver qué surgía del proceso.
EL MECHERO: El título remite a la duplicación y al reflejo. ¿Qué significa “el espejo” en el contexto de estas narradoras zacatecanas?
El espejo es verse fuera de uno mismo: una visión del individuo que conduce a la introspección. En los relatos encontramos una constante autoexploración, una búsqueda de voz narrativa, identidad y mirada propia. Esto está muy ligado a la edad de las autoras —nacidas a inicios de la década del 2000— y a ese momento vital de definición personal y artística.
EL MECHERO: ¿Hubo una pregunta o inquietud inicial que guiara el proyecto editorial?
No de manera explícita. La intención inicial fue reunirnos, tallerear, conversar, leer y escribir. Queríamos que se conociera el trabajo de estas escritoras jóvenes. El proyecto tuvo altibajos —incluso se pensó en invitar a un autor o autora para cerrar el taller, lo cual no fue posible por cuestiones personales y médicas—, pero la inquietud principal siempre fue acompañar y visibilizar sus voces.
EL MECHERO: ¿Cuáles fueron los criterios principales para la selección de las autoras y los textos?
Todas fueron nuestras alumnas y con todas habíamos trabajado escritura creativa. Observamos que continuaban escribiendo, que eran lectoras sólidas y que mantenían la inquietud literaria. Las invitaciones fueron personales y, una vez reunidas, se habló de teoría, proyectos y textos en proceso. No hubo una temática impuesta: escribieron con total libertad.
EL MECHERO: ¿La conjunción de temas y símbolos fue buscada o surgió durante el proceso?
Fue una revelación. No lo esperábamos. Al trabajar los textos en conjunto, notamos una serie de elementos simbólicos comunes, algo que podríamos vincular con el inconsciente colectivo. Esto nos ayudó a estructurar el libro y a decidir el orden de los relatos, con el apoyo de Itzel Núñez y Joselo G. Ramos.
EL MECHERO: Como coordinadores editoriales, ¿qué fue lo más desafiante del proceso?
El tiempo. Las autoras estaban terminando la preparatoria o ingresando a la universidad; una de ellas vive en Ciudad de México. Coordinar agendas fue complejo. Otro gran reto fue decidir dónde publicar: optamos por crear una editorial independiente, lo que implicó trámites fiscales, registro como editores, impresión, elección de papel, maquetación y todo el trabajo editorial. En cuanto a la escritura, el desafío fue la corrección y el acompañamiento respetuoso en la búsqueda de la voz propia de cada autora.
EL MECHERO: ¿Qué rasgos definen a esta nueva generación de narradoras zacatecanas?
Creemos que muchas veces las generaciones mayores tendemos a minimizar a las más jóvenes. Sin embargo, cada generación tiene algo que decir. Estas autoras poseen una sensibilidad particular, y el lector encontrará en el libro una muestra de ello: inquietudes, miradas y formas de narrar que dialogan con su tiempo.
EL MECHERO: ¿Cómo atraviesa Zacatecas los textos, incluso cuando no se nombra?
Itzel Núñez lo menciona en el prólogo: mirar desde fuera permite reconocerlo. Hay una presencia sutil del territorio, quizá desde lo simbólico o inconsciente. Algunas autoras han leído a Amparo Dávila; aparecen elementos como la violencia o una atmósfera existencialista. Zacatecas está ahí, aunque no siempre de forma explícita.
EL MECHERO: ¿Estas escrituras responden a un contexto específico o buscan escapar de él?
Ambas cosas. Hay una dualidad interesante: se puede percibir algo del contexto pospandémico, pero los espacios narrativos son universales, sin una ubicación temporal o espacial precisa. El contexto aparece de manera indirecta, casi oculta.
EL MECHERO: ¿Qué fue lo que más te sorprendió de las autoras durante el proceso?
El compromiso. Su capacidad para crear mundos narrativos, su fuerza fabulatoria y estructural. Llegaban a las sesiones con textos no concluidos, pero con una sustancia sólida, listos para trabajarse. Cada una aportó un toque especial al proyecto.
EL MECHERO: ¿Cuál dirías que es su fortaleza común?
Como personas: la perseverancia, la inteligencia y la dedicación.
Como autoras: la fuerza de sus relatos. Son textos breves, pero muy potentes, que dejan pensando al lector.
EL MECHERO: ¿Hubo algún texto que los descolocara o incomodara especialmente?
Coincidimos en que el relato inicial, “Nodus Tolens” de Viviana Fermat, y el de cierre, “Espejos” de Valeria Casillas, fueron particularmente impactantes. Ambos descolocan y generan una experiencia intensa. De hecho, estructuran el libro de forma circular, algo que descubrimos al final del proceso.
EL MECHERO: ¿Qué tipo de lector imaginas abriendo este libro por primera vez?
Cualquiera. No está dirigido a un público específico. La recepción ha sido muy afortunada: el libro ha llegado a ciudades como Los Ángeles, Phoenix, Virginia, Monterrey, Toluca, Aguascalientes, Puerto Vallarta y distintos municipios de Zacatecas. Lo leen jóvenes, adultos mayores y exalumnos. Así fue pensado: para todo público.
EL MECHERO: ¿Qué te gustaría que quedara resonando en quien termine de leer la antología?
Que el lector termine con más preguntas que respuestas. Lo decimos en la introducción: buscamos generar incertidumbre. La literatura debe movernos, hacernos dudar y transformarnos.
EL MECHERO: ¿Ves este libro como un punto de partida para futuros proyectos editoriales?
Sí. Varias autoras ya trabajan en libros individuales, a pesar de estudiar carreras muy diversas —medicina, ingeniería, ciencias químicas, comercio, ciencia de datos—. Además, A través del espejo es la publicación cero de nuestra editorial Hipogrifo. Ya tenemos otros proyectos en camino: narrativa de ficción, autoficción, autobiografía y un posible poemario de Itzel Núñez.
EL MECHERO: ¿Algo que te gustaría agregar para los lectores de El Mechero?
Invitarlos a leer A través del espejo. Novísimas narradoras zacatecanas, de Viviana Femat, Ashley Gurrola, Mariana Torres, Mariana Muñoz, Karla del Hoyo, Valeria Esparza y Valeria Casillas, coordinado por Alejandra Flores Casas y Gibrán Alvarado Torres. Y, sobre todo, a apoyar la escritura joven, incentivar la lectura y agradecer el espacio para compartir este proyecto.
EL MECHERO: ¿Dónde podemos conseguir el libro?
Por lo pronto a través de nuestras redes sociales personales: Gibrán Alvarado y Alejandra Flores en Facebook; @gbz92 y @aalefc en Instagram.






