DANIELA ALBARRÁN
Como cada inicio de año, Pantone anunció el color del año; para este 2026 eligió el Cloud Dancer, un tono que, a primera vista, podría definirse simplemente como blanco. La institución lo describió como “un susurro de tranquilidad y paz en un mundo ruidoso”, una definición que bien podría trasladarse a Blanco, de la Nobel Han Kang.
Apelo a la descripción de Pantone porque este libro funciona como el contraste perfecto para La vegetariana y Actos humanos. Ambas obras son crudas en su justa medida y parten del caos: la primera propone el vegetanismo1 como una forma de existencia para renunciar a la “humanidad” en el sentido estricto; la segunda es, por momentos, difícil de leer debido a lo “inhumano” de su contexto.
Blanco es el contrapunto de esos relatos profundamente humanos. Es un ejercicio de escritura que explora el color desde el duelo; ése es el punto de partida desde el cual el hilo se va deshebrando. Cada texto es una imagen performática; el blanco se convierte en la representación de realidades en las que rara vez nos detenemos a pensar. ¿Qué elementos cotidianos son blancos? Una batita de bebé, la leche materna, el aguanieve, las nubes, la neblina, las canas, los huesos. Ahí reside el carácter performático de la obra: en encontrar belleza en lo común, como en unas pastillas que prometen mitigar el dolor o en las alas blancas de una mariposa muerta.
Es un libro de sensaciones donde no importa tanto la trama, sino lo que nos hace sentir. Cada fragmento es una postal que nos remite a un blanco que a ratos es etéreo y, en otros, profundamente triste. Lo leí a inicios de enero, cuando el frío arreciaba en mi ciudad; fue la lectura perfecta para el mes, pues si el calendario tuviera colores, enero sería blanco por el frío, por el luto y, quizás, porque es el mes en que nací.
El blanco contiene todos los colores; para Han Kang, es la representación del duelo. Este libro me lo regaló una de mis mejores amigas en una dinámica mensual que compartimos. Me dijo que pensó en mí y en mi relación con la hoja en blanco; y tiene razón: con los años, ese espacio vacío que antes creía un mito se ha vuelto cada vez más aterrador.
Blanco es una instalación artística, pero también un ejercicio escritural que me gustaría replicar en algún momento, escribir sobre un color.
Termino esta reseña con una de sus frases: “En las mañanas frías, esa primera vaharada blanca que escapa de nuestras bocas es la prueba de que estamos vivos, de la tibieza de nuestros cuerpos”.
Referencias
1 Devenir vegetal.
