En la penumbra que antecede al sueño, hay una voz que llama. No es un grito ni un canto, sino una melodía de ramas que se rozan y de pasos que no tocan el suelo. “Bruja, bruja, ¿estás ahí?”, repiten las niñas en un juego heredado, como si las palabras fueran piedras lanzadas a un pozo.
La bruja aparece en los sueños, sin ojos y sin dientes, y sonríe. No viene a devorarlas ni a envenenarles la leche, sino a darles un aviso: la noche no es un territorio inocente. No siempre se trata de lo que acecha entre las sombras, sino de lo que viene de lejos, caminando con el paso seguro de quien sabe dónde encontrar a sus presas.
En Bruja, bruja, ¿estás ahí?, Diana Isis del Hoyo Cortés no rehúye a lo oscuro. Toma la rima infantil, esa que salta de boca en boca y sobrevive a los patios escolares, para sembrar en ella una semilla inquietante. El libro, nacido de la convocatoria de Alas y Raíces Zacatecas, camina sobre una cuerda floja: es juego y es advertencia, es canción y es eco de algo que duele.
La historia sigue a Marisol, una niña a la que su madre prohíbe salir después del atardecer. No hay explicación, solo una regla dura como piedra. La curiosidad, sin embargo, tiene sus propias rutas. Marisol cruza la frontera de la noche para buscar respuestas, y allí encuentra la figura de la bruja, tejida con la misma materia que los miedos heredados.
No es casualidad que la autora elija la bruja como guardiana y no como amenaza. Hay en su construcción un gesto de desmitificación, de rescate. La bruja protege porque conoce el peligro; infunde miedo porque ese miedo puede salvar. La desaparición infantil, un tema casi imposible de tocar con primeras infancias, se vuelve aquí relato cifrado, envuelto en imágenes que juegan más de lo que hieren, pero que no mienten.
El libro, en su ritmo de versos, bebe de la oralidad. Cada estrofa parece lista para ser contada en voz alta, para que el oído sea la puerta de entrada y la memoria el lugar donde se guarde. Así, la autora encuentra una doble vida para su obra: la del papel y la del cuento contado.
Bruja, bruja, ¿estás ahí? no se limita a un público infantil. Como sucede con los buenos libros álbum, su lectura abre capas: para los niños pequeños es un juego y un misterio; para los mayores, una advertencia; para los adultos, un espejo incómodo. Y en todos los casos, un recordatorio de que la literatura puede tender puentes sobre ríos difíciles de cruzar.
En el fondo, querida lectora y estimado lector, esta historia es también un acto de resistencia: nombrar el miedo para cantarle, sobre él para que no nos encuentre en silencio. Porque a veces, la única forma de que las niñas regresen a casa es que una bruja, desde algún lugar de la noche, las llame por su nombre. Ya lo saben juntos ¡incendiamos la cultura!
Karen Salazar Mar
Directora de El Mechero