DANIELA ALBARRÁN
Hace algunas semanas se hizo viral un video en el que Cristian Castro, durante una entrevista, afirmaba que no hacía nada. Ante la perplejidad del entrevistador frente a esa “absurda” respuesta, insistió:
—¿Pero cómo que no haces nada?
Christian se mantuvo firme: él no hace nada.
Sé que, en palabras de Castro, puede parecer ridículo, pero nada más alejado de la realidad; entre más pienso en esas palabras del cantante, más lo asocio con el libro “Vida contemplativa” de Byung-Chul Han, que es, en esencia, un elogio a la inactividad, a eso que justamente está proponiendo Cristian Castro.
Lean esta cita del pensador surcoreano, por favor: “Hemos olvidado que la inactividad, que no produce nada, constituye una forma intensa y esplendorosa de la vida”. Creo que esa frase resume muy bien la idea del libro, y también lo que Castro quería expresar.
Vivimos en una época profundamente violenta en cuanto al tiempo que tenemos, pues es cada vez más escaso, siempre llevamos prisa, siempre tenemos mil cosas que hacer, incluso está de moda las palabras multitasking como un adjetivo calificativo que se puede colocar en nuestros CV. Podemos acceder a miles de recursos en internet para eliminar la procrastinación. ¿En qué momento la palabra procrastinación se volvió algo negativo y multitasking en algo positivo? En el momento en que producir no es opcional, sino obligación. Si no estamos constantemente produciendo, dinero, experiencias, contenido para RSS, entonces no estamos haciendo nada, y ese no estar haciendo nada, es decir, el hecho de no exponernos en escaparates, es volvernos inexistentes, y podremos no tener tiempo, podremos no tener dinero, pero siempre, siempre debemos existir frente a la otredad.
El no hacer nada implica la contemplación de la vida, escucharnos a nosotros mismos, y a la naturaleza; al paisaje que ronda nuestra existencia. Y solo las cosas bellas provienen de la nada; todo el arte se ha pensado y se ha realizado desde la nada, pues el arte no es productivo ni pretende ser útil. Pareciera que le tememos a la nada. El horror nihili implica que el estilo de vida actual necesita que todas las “necesidades deben ser satisfechas de inmediato”, porque no conocemos la paciencia, cada vez tenemos menos oportunidades de sentarnos a pensar en lo que es la vida, así, simple y llanamente ¿qué es la vida? No podemos hacernos los cuestionamientos fundamentales, los que son inherentes al ser humano, porque la escasez del tiempo nos ha quitado ese derecho.
¿Qué podemos hacer al respecto? Nada, no podemos hacer nada contra aquello que nos ha quitado la nada, el estar desquehacerado, el désoeuvrement es quizá o debería ser la única meta que tenemos en la vida. Siempre estamos persiguiendo nuevas metas, alcanzar ciertos estándares de lo que normativamente creemos que debe ser. Sin embargo, la verdadera meta debería poder ser Cristian Castro, hacer nada, soportar el ocio; ver en la nada el estandarte de la verdadera felicidad, de la vida nueva, de lo que podría ser y quizá nunca pueda ser.