Fotografía: Alejandro Ortega Neri
Selección de Alberto Avendaño
Los calcetines
Me quedo con los agujeros
De mis calcetines pero no
Con tu modo de mascar chicle.
Me quedo castigado en el rincón
A mis doce años pero sin
La comezón de tu entrepierna.
Me quedo con las ganas
De orinar cuando regreso
Pero no con tus silencios a deshoras.
Me quedo con la caspa
En las solapas negras
Pero no con tu aliento a cañería.
Me guardo de aguaceros tempranos,
De granizos a destiempo,
Con el corta uñas mellado;
Pero no con tu estilo
De remontar sueños, heridas,
Caminos ya recorridos;
Ni con tu forma de azotar puertas.
Nota roja
Dime que no eres tú
Quien ocupó esta mañana
Las ocho columnas de nota roja.
Dime que no te hallaron
Con la garganta irritada
De un tajo y las canillas distantes.
Dime que no llevabas
Tres días y tres noches
Como pasto de ratas, tejones y auras.
Dime que tu cuerpo esperó
La llegada de la Cruz Verde
Para el traslado al forense.
Dime que ahí, sobre la plancha
De cemento, esperaste la llegada
De pasantes de medicina.
Dime que ni el serrote
Ni las cuchillas melladas
Vulneraron las tripas y demás.
Pero si callas, si el eco
Del eco se niega a salir
De tu aliento, interpretaré
El silencio, no diré más.
La hoguera
Estoy lejos de casa como una mano
Se halla lejos de su par
Estoy distante de mi casa como un ojo
Puede estarlo del otro
Estoy lejos del sol, del frío
De la lluvia como un pie de otro pie
Estoy lejos del café como el agua
Puede estarlo del fuego y la garganta
Estoy ajeno a los días nublados
Como el sol se encuentra del cenit
Estoy cerca de casa como el hijo
Se encuentra de los primeros brazos
Me encuentro lejos del derrumbe
Como las altas catedrales del cielo.
Pero no importa. Un día la hoguera
Nos abrasará en un solo abrazo
El reguero
Cuestión de días y el año
Habrá expirado: las ventanas
Altas siguen empañadas.
No restan demasiadas lunas
Y las semanas se habrán
Ido como las sombras de uno.
Como los cuerpos que no
Se sostienen por sí
Habrán huido los meses.
Cierto es que lunas, soles,
Estrellas, semanas son precarios,
Imprecisa la salud, la alegría.
Todo y nada es cuestión
De horas, como latidos
Imperceptibles, espaciados.
Como una piedra que rodó
Hasta llegar veloz
A ninguna parte.
Beatus
No espero a nadie
Sólo que la lluvia escampe
Y se levante la niebla
Para ver claro.
Nadie me espera, nadie
Me recuerda, excepto
El tarro del café y el CD
De Arvo Pärt que gira.
Nadie toca a mi puerta,
Nadie levanta los bordes
De cama, el mantel, párpados,
Labios.
Nadie toma con las yemas
La fruta, la cebolla morada,
El lomo del libro, las sinuosidades
Del poema que despierta.
No espero a ninguno mientras
La espiral de tabaco asciende,
El vapor del café temprano,
La oración queda del viernes.