Fotografías: Alberto Avendaño
ANA GUERRA
Hay objetos que parecen vivir en el borde del tiempo. La claqueta es uno de ellos. Marca un inicio, convoca al silencio, anuncia que algo está a punto de suceder. Su golpe breve no sólo ordena una escena, también abre una posibilidad. En Claquetas Intervenidas, la exposición colectiva que habita el vestíbulo de la Cineteca Zacatecas, ese objeto funcional abandona su destino técnico y se convierte en materia poética.
Desde la historia del arte, cada vez que un objeto cambia de función, la mirada también cambia. La claqueta deja de obedecer al rodaje para transformarse en superficie sensible. Los artistas que participan en la muestra recibieron claquetas originales con una consigna mínima: dialogar con el cine. A partir de ahí, cada pieza se despliega como una pequeña escena interior, donde la memoria, la intuición y la experiencia personal pesan más que la referencia literal.
En esta exposición confluyen miradas diversas del panorama artístico zacatecano. Entre ellas destacan las propuestas de Javier Cortez y Juan Carlos Villegas, junto a las de Ana Acevedo, Mariana Aguirre, Armando Acosta Sánchez, Manuel Denna, Mauricio Díaz, Susana Díaz, Sonia Félix Cherit, Omar Lemus, Ozvaldo Lugo, Raúl Luna, Gaby Marcial, Carlos Segura Pérez, Sergio Mayorga, Julieta Uranday y Cynthia Torres, así como otras voces que amplían el diálogo visual de la muestra. Lo que une estas intervenciones no es un estilo común, sino una relación íntima con el cine entendido como experiencia sensible.
La exposición reúne lenguajes que transitan con libertad entre lo abstracto y lo figurativo, el gesto pictórico, la imagen simbólica, la fotografía y la instalación. Cada claqueta parece contener una escena detenida. No es el cine en movimiento, sino el cine recordado, citado o imaginado. Algunas piezas evocan clásicos del cine mexicano como Macario o Alucarda. Otras miran hacia registros cercanos, documentales profundamente arraigados en la vida local, donde la imagen se vuelve rito y repetición.
Hay algo íntimo en la forma en que estas piezas se ofrecen al espectador. La claqueta, acostumbrada a anunciar el inicio de una filmación, funciona aquí como un umbral. No conduce a una película, sino a la relación personal que cada creador mantiene con el acto de mirar y registrar. El cine aparece entonces como recuerdo, como imagen persistente, como paisaje emocional.
La riqueza de Claquetas Intervenidas reside en su pluralidad. Ninguna obra busca imponer una lectura definitiva. Cada pieza propone su propio ritmo y convoca a una contemplación pausada. La mirada se detiene, se acerca, se aleja. Como espectadores, somos invitados a completar la escena con nuestra propia memoria cinematográfica.
Al inscribirse en el espacio de la Cineteca Zacatecas, la muestra adquiere un sentido particular. El vestíbulo se transforma en una antesala silenciosa donde el cine se observa desde otro ángulo. No desde la pantalla, sino desde el objeto que hace posible su existencia. La exposición recuerda que el cine no sólo habita el momento de la proyección, sino también todo aquello que la antecede.
Claquetas Intervenidas invita a mirar el cine de forma oblicua, a reconocer la belleza contenida en sus herramientas y la carga simbólica que pueden albergar. En ese instante suspendido antes de que la imagen comience a moverse, el arte encuentra un lugar para quedarse y dialogar con la imaginación colectiva.






