OTHNIEL RUIZ
El asma es una enfermedad que se caracteriza por una inflamación de las vías respiratorias por hiperreactividad de las mismas, lo que desencadena episodios reversibles de broncoconstricción, provocando tos, sensación de opresión en el pecho y dificultad para respirar. Se clasifica en leve, moderada y grave, dependiendo de la gravedad y los síntomas. Esta patología se encuentra en un gran número de personas al rededor del mundo y, aunque la etiología no esta claramente bien definida, está asociada principalmente al estilo de vida.
Un ataque de asma ocurre cuando se obstruye el flujo aéreo pulmonar por la contracción del músculo bronquial, a su vez hay un incremento en la producción de moco y una inflamación en los tejidos pulmonares. Todo esto ocurre en un lapso corto de tiempo y a diferencia de la EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) es reversible, ya sea de manera espontánea o mediante tratamiento. Cuando existe una crisis asmática también ocurren cambios a nivel celular, ya que se han evidenciado presencia de células inflamatorias y antígenos productores de células que fomentan las hiperreacciones y con ello, los síntomas.
La enfermedad se clasifica, según su fisiopatología, en intrínseca, extrínseca, inducida por fármacos, infecciosa y por ejercicio. Cada una se manifiesta de manera diferente en cada paciente; sin embargo, lo importante es la severidad de los síntomas, ya que en algunos casos graves pueden requerir no sólo medicamentos, sino hasta atención hospitalaria. Los signos y síntomas más comunes de la enfermedad son episodios reversibles de disnea (dificultad para respirar), sibilancias (respiración con silbidos), tos (aumenta al momento de recostarse), opresión en el pecho y distensión muscular.
En la consulta odontológica, un paciente asmático puede presentar una crisis asmática, ya sea por la posición en la unidad dental o por la ansiedad que representa el acudir a la visita o tratamiento dental. Es importante que el paciente conozca acerca de su patología y siempre tenga presentes sus medicamentos especiales para intervenir las crisis asmáticas; sin embargo, es importante que el odontólogo sepa diagnosticar y tratar cualquier ataque severo de asma por parte del paciente, desde realizar una buena historia clínica hasta evitar cualquier acto que desencadene una crisis asmática.
El profesional dentista también debe evitar aquellos medicamentos liberadores de histamina en el organismo, ya que éstos también suelen desencadenar los ataques de asma. El uso de anestésicos con vaso-constrictor (epinefrina/adrenalina) son componentes que pueden provocar una crisis asmática, por lo que deben utilizarse anestésicos sin vasoconstrictores. Si el paciente es plenamente consciente de su patología, ayudará el utilizar su medicamento (inhalador o nebulizador) unos minutos antes de la atención odontológica, a manera de prevenir cualquier crisis por la enfermedad, durante el tratamiento dental. Existen otros medicamentos para relajar al paciente, pero sólo se recomiendan en casos donde la enfermedad llega a ser severa, como las benzodiacepinas, que ayudan a relajar al paciente y a reducir la ansiedad.
La caries y la enfermedad periodontal se encuentran estrechamente asociados a pacientes con enfermedad asmática, principalmente por la respiración bucal, los medicamentos empleados y las reacciones a nivel celular que producen células responsables de la inflamación. Debido a esto, hay que tomar en cuenta que la higiene bucodental y las visitas al profesional dentista son de carácter importante para mantener una salud oral adecuada, así mismo mantener un control tanto de la patología para no desarrollar o incrementar las enfermedades bucodentales.