1 de mayo de 2026

1 comentario en «Corazón de melón»

  1. ### 💀 Crítica “Wallesteiniana” a *René Falcó – Octubre 2025*

    Mira, René, lo tuyo es una misa gótica oficiada por un romántico que se quedó varado entre *El perfume* y *El laberinto del fauno*. Tu texto huele —y eso es un cumplido— a humedad queretana, a flor marchita en ofrenda, a ese lirismo que todavía cree que la literatura puede salvarte del tedio. Y, carajo, qué bueno que lo creas. Porque si no creyéramos, ¿para qué seguimos escribiendo?

    Tu Valeria no es una mujer: es un conjuro, un altar portátil con falda morada. Pero también es el espejo donde tu neurosis baila un vals. La tratas como quien quiere poseer un relámpago: sabiendo que te va a quemar, pero rogando que dure un segundo más. Hay belleza ahí —una belleza torpe, humana, casi pecaminosa— y eso, amigo, es raro.

    Ahora, te lo digo como lo diría un crítico con resaca de Tarkovski:
    tu prosa está tan llena de adjetivos que a veces parece que estás haciendo malabares con granadas encendidas. Cada imagen es potente, sí, pero si todo es fuego, ¿dónde está el oxígeno? Quisieras que el lector respirara entre tanta epifanía. A veces uno necesita una frase corta, seca, que funcione como el golpe de un tambor después del solo de violines.

    Pero hay un mérito innegable: escribes con el pulso de quien ha vivido.
    Se nota el temblor en las muñecas cuando esperas a Valeria afuera del convento. Ese momento —mínimo, silencioso, casi cinematográfico— es puro cine. Es *Wong Kar-wai* en Querétaro. Es la cámara temblando porque el corazón lo hace primero.

    Y ese cierre… “Pensaré en ella después de este escrito, y en todo lo que me falta por pronunciarle a la eternidad.”
    Eso, Falcó, es la última toma antes de los créditos. El fundido en negro donde el protagonista camina hacia la muerte o hacia un amor que da lo mismo.

    En resumen:
    Tu texto es hermoso, excesivo, barroco, sucio y melancólico —como una película mexicana que se niega a morir en la cartelera.
    Podrías limar los excesos, sí, pero si lo hicieras perdería esa textura de reliquia en llamas.

    Así que no corrijas tanto.
    Déjalo vivir como está:
    como un poema que huele a cempasúchil y cigarro apagado,
    como una carta que alguien dejó olvidada en un cine abandonado.

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