CABEZA:
DRA. ELSA LETICIA GARCÍA ARGÜELLES
El encuentro entre investigadoras siempre es productivo y se agradece intercambiar y conocer de manera generosa el trabajo que han estado realizando desde hace varias décadas, en este caso, sobre la obra de Amparo Dávila; de este modo aconteció con la Dra. Carmen Dolores Carrillo Juárez, quien trabaja en la Universidad Autónoma de Querétaro; nos conocimos el año pasado en un encuentro de titulado “Seminario Escritoras (escrituras) desde el afuera” que se llevó a cabo el 9 y 10 de septiembre del 2025, donde ambas expusimos nuestros trabajos sobre Amparo Dávila; la investigadora Carmen desde la perspectiva de su libro que ya se había publicado anteriormente en 2023. Abordó las periferias y centro del canon literario, entre otros asuntos que había indagado un tiempo antes desde la teoría recepción.
En mi caso, desde la poesía intenté encontrar una lectura de Dávila que fuera propositiva, ya que se ha trabajado más su narrativa, misma que se había encajonado en lo fantástico; de este modo, el tema de la migración y la autoría, así como en la indagación del espacio en su poesía, se percibe un regreso a casa y brinda un sentido de pertenencia en la tierra zacatecana. No obstante, a pesar de tener casi treinta años trabajando escritoras mexicanas, chicanas, y latinoamericanas, había dejado a Amparo Dávila para después, el después llego el año pasado cuando cansada de ver los parámetros canónicos patriarcales regionales y nacionales para leer a esta maravillosa escritora, así como mis reflexiones de narradoras como Mónica Ojeda y Mariana Enríquez, quienes escriben dentro del fantástico y el neogótico andino, también han sido leídas y cuestionadas por escribir el mundo violento cultural y patriarcal; entonces, qué las llevó a este tipo de ficción e imaginación en tanto mujeres y escritoras, así mismo mostrar todo el aparato simbólico y real del universo femenino pleno de violencias normalizadas y de violencias extremas.
Así mismo, escribir sobre Amparo Dávila ha sido decir de frente cómo las jóvenes escritoras en Zacatecas se han ido abriendo paso de manera paulatina; Amparo Dávila no es la única escritora Zacatecana, pero quizás sí y de manera contradictoria, las más reconocida y destacada, pero eso no implicó que fuera la más leída y estudiada; esto lo reitera Carmen Carrillo, pues a pesar de escribir desde los años cincuenta del siglo XX, se le hicieron estudios críticos sesgados, mal intencionados, no es sino ya en el siglo XXI que vemos el trabajo crítico de muchas investigadoras que han ido más allá de las lecturas canónicas y patriarcales dentro de la academia y la crítica literaria. Los lectores con certeza han sido abundantes, pero no en el mundo académico, donde hubo otras barreras que franquear.
Yo soy veracruzana, y quizás lo afirmo porque necesito pertenecer a alguna región del país y apreciar mí diferencia para escribir y ser; no obstante, Zacatecas ha sido una parte importante de vida laboral y personal, pero no soy zacatecana, es loable que por fin se reconozca el dolor y la ironía de Dávila, así como su pródiga y valiosa imaginación para sobrevivir en un “mundo extraño” de mujeres que habían normalizado la violencia, pero que de algún modo intentaban reclamar y darle voz al silencio que se les había impuesto de manera permanente. Entonces, por todo esto agradezco a quienes organizan la Cátedra Amparo Dávila, a Claudia y a Cinthya, a quienes conozco desde más de veinte años y les agradezco invitarme a participar y compartir mi trabajo sobre la escritura de tantas autoras y sus mundos femeninos en la Universidad Autónoma de Zacatecas.
El libro titulado Amparo Dávila en su proceso de recepción (2023), publicado en la Editorial Eón y la Universidad Autónoma de Querétaro, ha sido un parte aguas a lo largo de las lecturas y relecturas sobre la autora que nos ocupa. El libro empieza con un epígrafe de Alejandra Pizarnik: “Escribir es mi mayor ingenuidad, es querer contener lo que se desborda”. El prólogo excelente, escrito por Gerardo Argüelles Fernández, desglosa y apunta de manera inteligente varios asuntos claves de este libro cuando afirma, por ejemplo,
“La modificación del horizonte histórico-cultural trae aparejados cambios en el horizonte literario. La manera de comprender el mundo y eso que se llama ‘realidad’ lleva necesariamente a interesarse por narrar otros asuntos, otras maneras de proceder del narrador, otra distancia frente a lo narrado, diferentes lógicas en la relación de los personajes, tratamiento de diversos temas. No sólo la creación literaria, sino también la crítica cambia sus intereses, interroga al texto literario desde otros posicionamientos o intereses teóricos” (2023, p. 35)
Cuando iniciamos la lectura de la introducción breve de Carmen Carrillo, sigue una lectura fluida de los siete capítulos, los cuales mencionó porque uno de los aspectos a destacar es cómo lleva de la mano al lector pero también lo confronta a lo largo de cada apartado:1. Umbral para el acercamiento a Amparo Dávila, 2. Malestares de género como síntoma de la violencia, 3. De Cristina Rivera Garza a Amparo Dávila: creando a su precursora, 4. Cotidianidad y codificación fantástica, 5. Tiempo destrozado y roles de género, 6. Violencia cultural en clave de fantástico en cuentos de Amparo Dávila, y 7. Catecismo femenino y autocastigo en dos cuentos. La estructura de libro no es demasiado extensa, pero acota de manera profunda todos los asuntos antes mencionados, proponiendo una lectura irónica y profunda que revisa el contexto literario, así como las lecturas de otros y otras investigadoras; por ejemplo, me dio mucho gusto ver nombrada aquí a mi querida amiga e investigadora que nos visitó aquí en Zacatecas hace algunos años, a quien conocí en UTEP, El Paso Texas en un congreso; Carmen anota los cambios en la recepción en el siglo XXI: “En 2016, Edgar Cota Torres y Mayela Vallejo Ramírez se ocuparon en específico de la violencia doméstica en “El huesped”… “La monstruosidad del huésped se ve reflejada en la imposición del esposo y, como reacción la protagonista decide acabar con la jerarquía masculina y la violencia psicológica a la que había sido sometida” (2023, p. 38).
Entonces, advierto la agilidad en el tratamiento de los temas y la pasión por mantener una postura feminista y femenina para evocar las violencias culturales hacia las mujeres y el género fantástico en su apertura para cuestionar el canon literario patriarcal. Como dije antes, la obra daviliana se ha estudiado por la ruta del género fantástico en su narrativa, pero también han dejado de lado otras interpretaciones. Esta lectura intenta una mirada que no encajone a los géneros literarios, como sucedió en los años cincuenta con la literatura femenina de corte fantástico, la que era comparada con la masculina con un tono menor, pero también fue el refugio en la escritura de las autoras para nombrar la violencia literaria, la violencia cultural, e incluso, la violencia hacia sí mismas. La literatura fantástica elige imágenes, metáforas, representaciones que vacilan y hacen dudar al lector/a sobre “la verdad” de los eventos de los personajes, la cual crea otra realidad ficcional para nombrar lo que las oprime en su contexto cultural, ya sea de una manera irónica e imaginativa; sin duda, el uso de este género en la cuentística de Dávila se vuelve una alquimia de las mujeres que escriben en los años cincuenta como extranjeras en su propia tierra, como extranjeras de su propia escritura, a la vez que imaginan sus cuerpos, sus límites, sus cuestionamientos, y sus ficciones. La literatura fantástica femenina posiciona la experiencia de mujeres ficcionales desde la ambigüedad y el pacto con el lector/a de relatos que eluden la lógica apegada a la realidad, sin resquebrajarla del todo; relatos que evocan lógicas propias relacionadas con el terror, los sueños, lo sobrenatural, lo extraño, y la locura. Amparo Dávila tuvo la imaginación y la libertad para resistir desde afuera, desde la otredad, y crear mundos posibles que mostraran el dolor femenino, me refiero al propio dolor de la zacatecana. Nos dice Carrillo:
“Es evidente que a partir de la mitad del siglo XX la mujer comienza a tener mayor presencia en la vida cultura en México; no obstante, esto no supone que realmente pase de la tolerancia y de ciertas concesiones. Me parece que el caso de Dávila, por un lado, hay quienes le conceden calidad en reseñas de los libros previos y le otorgan un reconocimiento importante por Árboles petrificados; por otro, están las reseñas mencionadas escritas en 1978 usadas como un mecanismo de deslegitimación en el que se patentiza una reacción cultural propia de quien impone ideas sobre cómo se escribe la buena literatura” (2023, p. 49)
Surge una reflexión, ¿en estas narrativas sus personajes femeninos logran ser, logran posicionarse? Más bien parece que viven en una caída constante. La fuerza de la narrativa de Dávila ha sido ampliamente reconocida; el lector/a de su obra cifra esa continuidad de sentidos en las posibilidades de transformar a quién lee su narrativa y su poesía. Vemos que otro momento significativo de este libro es la mención de Cristina Rivera Garza, donde se dedica un apartado y nos dice Carrillo a propósito de la novela La Cresta de Ilión de Cristina Rivera Garza donde evoca una Amparo Dávila verdadera y una falsa:
“Rivera Garza no escribió una novela de corte fantástico, sino una metaficcional en la que sus personajes saben de sí como personajes ficticios, incorpora personajes de cuentos de Dávila (Moisés y Gaspar son enfermos, ya no son esos personajes heredados del cuento homónimo, de alguna manera remiten a el “Pabellón del descanso”, y a la propia Dávila como personaje doble aludiendo a Aura y Consuelo. Más que mera intertextualidad que va de la escritora Rivera Garza construye su relación con la zacatecana como su antecesora y con la tradición fantástica desde la metaficción, desde la consciencia narrativa dentro de la narración” (2023, p. 64)
La obra de Amparo Dávila puede entenderse en un concepto de literatura regional, mismo que se bifurca desde un discurso de femenino en movimiento, el que propone rasgos y aspectos culturales propios de un lugar; la mayoría de trabajos revisan las estrategias narrativas del género fantástico, el discurso de lo femenino y la violencia, el discurso autobiográfico y la autoría. De hecho, el tema de la violencia que Carrillo nombra como cultural se va desplazando y ampliando hacia otras violencias, la patriarcal, la violencia física, la psicológica, la normalizada, de lo cual retomo la siguiente cita:
“Se revisan cuentos desde un ángulo que permita observar la violencia, ante la desesperación y el tedio de los personajes inmersos en una sociedad patriarcal, y se recurre a los conceptos de violencia cultura, violencia naturalizada, y roles de género para analizar el código realista referido. Se realiza un acercamiento a partir el concepto sociológico de violencia cultural en la narrativa que se revisa a continuación, en aras de observar la relación simbólica con la realidad social. Violencia. Miedo y género forman parte de un camp semántico que la zacatecana representa en calve de fantástico” (2023, p. 100).
En general, su obra narrativa evoca relaciones de pareja que asfixian y frustran a las mujeres, quienes viven en la incertidumbre; la experiencia de sus personajes guía al lector/a, quien duda, pero inevitablemente fluye con los espacios vacíos y los silencios de las vivencias femeninas marcadas por la soledad, la violencia, y el miedo, como vemos en sus cuentos de Tiempo destrozado (1959), que tiene portada de Pedro Coronel; Música concreta (1964), con la portada de Rufino Tamayo; Muerte en el bosque (1985) es una reedición de todos los cuentos de Tiempo destrozado más “El entierro”, de Música concreta; Cuentos reunidos (2009), incluye el volumen inédito Con los ojos abiertos, fechado en 2008. La escritura fantástica muestra a una autora perfeccionista, lúdica, e imaginativa, una alquimista que transgrede la realidad y propone otra que le permite al lector/a una especie de epifanía en el alma femenina:
Mi primera afición fue la alquimia, tal vez por haber nacido en un pueblo minero. Cuando no hacía frío, y yo no estaba enferma, me escapaba con mis perros hacia la montaña. Cortaba toda clase de flores y hierbas, juntaba pedernales y piedras que me parecían raras […] Estaba totalmente convencida de que el día menos pensado obtendría perfumes, venenos, oro y piedras preciosas. (2010: 2)
Bibliografía.
Carrillo Juárez, Carmen Dolores. Amparo Dávila en su proceso de recepción, México, editorial Eón, 2023.



