SOCIOLOGANDO
El habit(u)ar en el suicidio
JIMENA CERÓN
Más que un texto evaluativo pretendo que éste sea un texto descriptivo de mis ideas y vivencias tras el vivir en diferentes ciudades y la manera en que cada una de ellas repercutió directamente en mi salud mental, acompañado de datos estadísticos que, si no logran sustentar, posicionan porcentualmente mi percepción de lo acontecido.
El mes de septiembre a nivel mundial es reconocido como el mes de la concientización sobre el suicidio, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) 727mil personas se quitan la vida anualmente en el mundo, misma que hace énfasis en que para que las iniciativas preventivas sean eficaces deben aplicarse mediante una estrategia multisectorial e integral.
El libro El suicidio de Emile Durkheim, pionero en el estudio del suicidio desde un enfoque social sin priorizar las características individuales de las personas resultando la integridad (entendiéndose como integración) como una de las principales es la razón principal para inmortalizar mis propias experiencias de lo observado.
En México, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) cuenta con estadísticas para este rubro desde 1994 con 2 mil 603 registros a nivel nacional, sin embargo el año anterior, es decir el 2024 se registraron 9 mil casos, además podemos resaltar que en el año 2010 se registraron 5 mil 012 casos, pero para el año 2020 incrementaron a 7 mil 896, lo cual es alarmante ya que la gráfica permite percibir un incremento a la alza aun cuando en 2023 fueron 9072 los casos no es suficiente para decir que se trata realmente de una tendencia a la baja.
Retomando el concepto de integridad utilizado por Durkheim expongo que la ciudad en la que más íntegra me he sentido es el Estado de México, aun cuando el municipio en el que habito y he habitado en diferentes momentos de mi vida es Ecatepec de Morelos, catalogado (más allá de la estadística, sino por la voz popular) como peligroso, tiene para mí atribuciones que le dan un plus a mi entorno, como lo es la cercanía con mi familia, la posibilidad de trasladarme también a la CDMX y con eso maximizar la variedad de opciones culturales, educativas y recreativas tiene algo que no he podido observar en las otras dos ciudades en las que he habitado, la realidad es que la periferia y la cercanía traza lazos solidos de comunidad que hace apropiarse de los espacios y lugares desarrollando mi capital social, como podría categorizar Bourdieu.
Zacatecas por su parte, otra ciudad caótica, tenía algunas similitudes con la convivencia del Edomex pues, al tener una población menor, el tejido de redes con otras personas era inmediato casi obligatorio para desarrollar actividades individuales de manera íntegra, al verse reducida la variedad de experiencias culturales tiende a vincular de manera más cercanas a las personas en el territorio que, además, tiene como plus la expansión justo territorial que lleva a que otras actividades se realicen en otros municipios y con ello abre el paso a una movilidad visible a lo largo del estado. Yo llegué a esta ciudad en un momento de mi vida trágico, había fallecido mi papá y un futuro incierto en las ciencias sociales hicieron que cada paso fuera temeroso, pero nunca sentí que no estaba en un lugar al que no perteneciera, la población en general tiene vínculos con otros y se traza a través de gustos, intereses u objetivos.
Por último, se encuentra Aguascalientes ciudad en la que fue realmente complejo sentirme incluida y que va más allá de la actitud y la disposición para sentirme integrada, pero en la cual hay puntos a rescatar como: poca población, distribución poblacional a través de anillos en el municipio capital, notable sectorización en las clases sociales, territorio poco extenso al exterior de este siguiendo una misma geografía “circular” y un presupuesto cultural concentrado en la Feria Nacional de San Marcos. Mi estadía aquí fue corta, pero llegué a diferencia de Zacatecas con un trabajo seguro, con metas alcanzadas y un futuro prometedor el cual nunca se vio cobijado de colectividad, pues la individualización es notoria en aspectos como manera de hablar, círculos y espacios de convivencia. Mi solución fue salir de un lugar que me hizo retraerme en un cuarto con mis libros e ideas porque solo así me sentía parte.
No quiero ni tengo manera de cerrar este texto de ideas conjuntas desde mi experiencia, sólo quiero compartir el mapa de las ciudades con mayor taza de suicidio y que ustedes puedan tener una conclusión propia misma que siempre podemos expandir.
Me despido, no sin antes extender mi apoyo, escucha y habla a todo aquel que en algún momento se sienta con ganas de huir de la vida.
Adiós.

