Hay personas que convierten la palabra en refugio. Elsa Guízar es una de ellas. Desde hace años ha construido, con paciencia, ternura y enorme sensibilidad, un camino profundamente amoroso dentro de la narración oral y la promoción de lectura para las infancias; un trabajo que no sólo nace del oficio, sino también de la convicción de que las niñas y los niños merecen espacios donde imaginar, jugar y sentirse escuchados. En un mundo que constantemente acelera sus ritmos y reduce los momentos de pausa, la labor de Elsa adquiere una relevancia profundamente humana: recordar que contar historias sigue siendo una manera de acompañar.
Quienes hemos tenido la fortuna de verla narrar sabemos que Elsa no únicamente cuenta cuentos: crea atmósferas. Hay algo en su manera de habitar las palabras que devuelve la capacidad de asombro, incluso a quienes hace mucho dejaron atrás la infancia. Su voz, sus gestos y la forma en que dialoga con las niñas y los niños convierten cada presentación en una experiencia cercana, cálida y profundamente sensible. Por eso emociona tanto verla dar este nuevo paso como autora publicada con Tu, un libro que prolonga la misma sensibilidad que ha defendido desde la oralidad: la literatura infantil entendida como un territorio de juego, libertad y cercanía.
En tiempos donde las pantallas parecen disputarle cada instante a la imaginación y donde la infancia suele estar atravesada por la prisa, los libros para primeras infancias se vuelven fundamentales. No sólo porque acercan a bebés y niñas(os) al lenguaje, al ritmo y a la musicalidad de las palabras, sino porque también construyen vínculos afectivos. Un libro leído en voz alta es, muchas veces, una de las primeras formas de amor compartido. Ahí radica la importancia de propuestas como Tu: libros pensados no para adoctrinar, moralizar o subestimar a las infancias, sino para acompañarlas desde la curiosidad, la risa, la ternura y el juego.
Además, resulta profundamente valioso que existan creadoras como Elsa, capaces de defender una visión de la literatura infantil alejada del adultocentrismo y de la idea de que leer sólo sirve para “aprender algo útil”. En su trabajo hay una apuesta clara por el derecho al juego, por la imaginación como herramienta sensible y por el respeto a las capacidades emocionales y creativas de las niñas y los niños.
Como alguien que quiere y admira profundamente a Elsa, conmueve observar la pasión y el compromiso con los que realiza cada proyecto. Hay personas que trabajan con la infancia desde la obligación; ella lo hace desde la escucha, la empatía y el cariño genuino. Y eso se siente en cada taller, en cada función y ahora también en cada página de este libro que reivindica algo esencial: el derecho de las niñas y los niños a jugar con el lenguaje y descubrir el mundo desde el asombro. No lo olviden: juntos ¡incendiamos la cultura!
Karen Salazar Mar
Directora de El Mechero
