LEYLA
Sé que es hipócrita, a estas alturas, escribirte un poema
sé que tus manos ya no temblarán al sostener esta página
que tu mirada no se cristalizará ni refractará la luz del día
no cultivarás tu jardín pensando en mis palabras
ni beberá tu corazón un sorbo de ternura,
no podré evocar la nostalgia de turno
que nos lleve a las trampas que nos enseñaste en el cine
para comer barato y colarse en las funciones
No podré preguntarte por las canciones que cantaste a nuestras madres
antes que mi abuelo irrumpiera a alaridos
o después de que se desmayara sobre los discos y los vasos rotos
y pastosos restos de pescado
Ya no entenderé cómo es que no te quemaron en las montañas de Guatemala
por robarles sus perros a los violadores
y responderle mal a los patriarcas del pueblo
A esta altura,
ya no temes al disco volador que te citó en las nubes
para contarte secretos indecibles
de una vida tranquila
ya no extrañas al guerrillero blanco
por el que casi dejas a tu familia
y enrumbas hacia lo desconocido
más allá de los negocios y extorsionistas oficiales
70s, 80s, 90s,
¡Nunca les tuviste respeto!
Y yo tan perdido en pequeños aeroplanos
desperdiciando tantos meses en los que pude marcarte,
preguntarte por tus viajes místicos
tus fraguas silenciosas tus animales teatrales
y tus amistades sincréticas
vos
que le decías viejitas a las señoras de tu edad
y que pintaste tantos objetos como pudiste
vos que escribiste cartas para fragmentar tu historia
para dejar una amplia gama de mercurianas contradicciones
e histriónicas anécdotas de nomos
bazares prohibidos
furtivos Y endiablados dogmas
que recalcitraban cerca de tu melódico cuerpo
Tus bovinos y punzantes ojos achinados
no podrán compadecer este llanto
ni tu pecho podrá respirar junto al mío
ni la mañana podrá llenarse de tus aromas a sabia señora
de pulseras e inciensos
de símbolos y bestias callejeras como compañía
de la libertad como consecuencia de romperse la espalda
para quemar neuronas e hilvanar la sangre
y las caras que portan la sangre
las manos que unen esas caras
el tiempo que las envejece
el árbol que en la semilla aguarda
cautivo de su propio sueño
y de la alquimia para la que fue concebido
Ya no podrás ser quien fuiste
ni quien quisiste ser
ni quien creíamos que eras
ni quien quisimos que fueras
serás el devenir de tu mensaje al aire
del movimiento por el movimiento en sí
de la comunicación como las raíces que se hunden en la tierra
y recolectan agua de manantiales
minerales con sus propias anécdotas
un lagarto que vaticina el este
luz que abraza por la espalda en la hora más oscura
fe en la riqueza de todas las rosas
desconfianza de impostores
y de las penumbras con rostro
Ya no podrás sostener esta página
porque habitarás en ella
el cristal será tu recuerdo
tu legado, el jardín
En nuestra coraza,
tu frescura
y tu desobediencia como una brújula incansable
navegando en las latitudes
de la fiesta universal
ECO
No se busca el mismo eco
cuando se escribe
que cuando se canta
El segundo es un eco instantáneo
medible
en el que las reacciones se evidencian
El primero es un eco remoto
casi una sospecha
un acto de fe
Selección de Josué Andrés Moz
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Fabio Rivas Rivera: San Salvador, El Salvador, 1990. Estudió lenguaje cinematográfico en la Universidad Nacional de Buenos Aires (UNA), es cofundador de la banda experimental Lxs Bastardxs, la revista NO, el ciclo de poesía “Arrancándonos la piel” de Buenos Aires, el centro cultural Astrálabe en San Salvador y Ediciones Piratas. Ha publicado el libro de cuentos Siete maneras de estar muerto y los poemarios: El mundo se derrumba y nosotros nos masturbamos y El fin de la felicidad.