Fotografía: Paloma Lizardo
ERIC REYES RAMÍREZ
Hablar de un poemario escrito por unas manos que, debido a su gran trayectoria, están plenamente arraigadas en el espacio de lo poético no es tarea sencilla. No me refiero, por supuesto, a que Fragata portuguesa (2025) sea un libro ajeno a la mirada de nosotros los mortales, sino espero que mi comentario se acerque a las pulsiones primordiales de la poeta Laura Elena González. Cuando mi maestro y amigo, Gonzalo Lizardo, me hizo la cordial invitación de presentar esta obra, tuve un poco de miedo pues, debo confesar, era la primera vez que me acercaba a los versos de la escritora potosina. Aceptando mi ignorancia, mi interpretación será la de un navegante que arribó a una isla desconocida, aquí mi testimonio:
La primera impresión que tuve después de haber finalizado el compendio de poemas que forman el corpus de Fragata Portuguesa, fue la de cierta forma de fragilidad. No porque el lenguaje de los poemas sea débil, sino porque la potencia de la voz radica en el don de lo frágil. Ya desde el primer capítulo titulado “Abrázame en caso de incendio”(Fragata portuguesa, I), nos da una pista de esta sensación, como también la de la extrañeza de quien escucha “la vida antes de nacer”(17). Ante lo otro o lo extraño, nos vemos vulnerados, o como pensaría Immanuel Kant, nos vemos superados ante la imposibilidad de asir lo desconocido, pero a sabiendas de que aquello atenta nuestro ser. Así, la debilidad acrecienta las posibilidades de la voz poética, llevándola a “un estremecimiento que recorre nuestra sangre: / la aureola del deseo nos toca.” (19) .
Llamarle don o cualidad a la fragilidad que expone la voz poética, es porque a través de Fragata Portuguesa podemos justificar La razón estética (1998) de Chantal Maillard. Según Maillard, el hecho de que los cimientos del ser sean débiles, permite que haya mayor moldura en la materia, es decir, en el lenguaje. Cuando Laura Elena González habla del deseo, entre líneas escuchamos a la ausencia, al ojalá que sucede en el presente, donde “reconocimos en secreto las palabras”(20).
Al igual que Maillard apuesta por la invención de la realidad, por ficciones más que simbolismos cíclicos, la poeta, tomando en serio su papel de pequeña diosa o maga, hace de las palabras la materia prima con la que moldea su entorno, reconfigurando el “Orden de la noche”, camino donde reconoce su poder, pero también su debilidad: “Respiras, / es el vuelo de tu pecho, / es el viento que baja sosegado / para desplegar las corrientes / contenidas en mi pecho” (21).
El amor más que un sentimiento de lo bello, es un sentimiento de lo sublime, pues, así como nos engrandece, también denota nuestras faltas, es decir, a través de él nos reconocemos incompletos, búsqueda de nuestra otra mitad perdida. La poeta lo reconoce cuando dice “Perdidos. Somos”. Sin embargo, se sobrepone a lo que falta, el lenguaje amoroso da una vuelta de tuerca a lo imposible: “ilimitada en tu cuerpo soy / y mi cuerpo soy” (24). La voz poética, siendo hija de “Butades”, quien diseña las cosas del mundo, nos devela el entre líneas de la potencia del signo: en el ritmo de “un ensayo sin orquesta” yace la nostalgia, “a veces el llanto”. Ante lo que le consume, “Abrázame en caso de incendio” (26). La música silenciosa aparece como medio para afrontar lo irreparable: el tiempo que destruye los cuerpos.
El poema en Fragata portuguesa, se presenta como “un zumbido que perfora el presente” y donde el lenguaje lógico se ve confundido ante la respiración: “La simultánea aparición de múltiples respiraciones confunde a la rosa de los vientos” (28). El deseo, entonces, se materializa versificado, la voz no es sólo una, es heterogénea: “Somos sílabas / sacerdotes descifrando un misterio / el deseo ha oficiado” (43). Laura Elena trabaja con lo pasado, con aquellas palabras que yacen en lo oculto: “Hay palabras que circulan por un sistema de olvido acumulado”(49), y lo yuxtapone con el futuro a través de la mirada vidente en el suceder de los ritmos en forma de verso y prosa poética. Juega con la carnadura del lenguaje, donde nos presenta los signos continuamente en rotación y que en las páginas “resuenan brillantes y olorosas” (49).
Laura Elena nos muestra lo flexible del lenguaje poético presentándolo como “En un circuito” de textos que resignifican la lógica de lo objetivo: “La máquina que dispara deseos ha sido alimentada con aleas/oscuro PAPPAD [programa aleatorio para crear apegos durables]” (53). La poeta resuelve uno de los problemas más graves de nuestro tiempo, lo efímero como ritmo del mundo. Es el lenguaje poético el que configura a la máquina para hacer de los sucesos humanos instantes perpetuos. La condición de fragilidad en la poiesis no desaparece, la autora confiesa: “Estar triste / en compañía de muchos / cerrar los párpados / para encontrar al pez / (…)Somos / un destacamento / fuera de función” (66). Lo heroico señala Chantal Maillard en La razón estética, ya no se encuentra en la actitud romántica frente al dolor, sino en la aceptación de éste. El destacamento triste de voces que iluminan y permean Fragata Portuguesa, dota de resignificación y transfiguración el mundo y lo humano. Como Maillard, Laura Elena prefiere la verosimilitud o el imposible verosímil de Aristóteles frente a las verdades que cosifican la materia del ser. La poesía entonces, es una clase de fuga al incendio de la modernidad, del cientificismo y la realidad virtual, todas ellas reductoras y deshumanizantes; confrontación al tiempo rápido y lineal. La poeta potosina nos expone el suceder poético como huida de lo irreversible: “Te escucho y te toco al mismo tiempo que me alejo. […] somos cada vez más jóvenes, estamos en fuga” (84).
Referencias
GONZÁLES LAURA ELENA. Fragata Portuguesa. MANTIS EDITORES, Guadalajara Jalisco, 2025.
MAILLARD CHANTAL. La razón estética. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2017.